lunes, 3 de agosto de 2015

El duro camino que transitan los gais en Barranquilla - VIDEO

EL HERALDO grabó un video de una pareja del mismo sexo caminando de la mano por varias zonas de la ciudad. El ejercicio expuso a los participantes a palabras soeces, burla y repudio.



"Ayyy mariquetas”, “cuidado te lo roban”, “sácalo a vivir”, “suéltense de la mano perros...”, “qué pareja tan especial”, “no puedo creer tanta aberración”.

Frases como estas fueron recibidas por Aldair Ojeda y su pareja tras aceptar participar en un ejercicio que les propuso EL HERALDO: caminar de la mano de su pareja del mismo sexo por algunos sectores de Barranquilla,  mientras eran grabados con una cámara escondida, con el fin de medir las reacciones de los transeúntes.

“Me sentí bien. De alguna manera ya me he acostumbrado a recibir los malos comentarios de la gente que señala y critica sin saber”. Estas fueron las palabras de Aldair, de 21 años, quien vive desde hace dos junto a su pareja Farith, en el barrio Soledad 2000.

Desde palabras soeces hasta murmullos de asombro, pasando por señalamientos constantes, fueron algunas de las situaciones, la mayoría de estas negativas, por las que tuvo que pasar la joven pareja que transitó en el Paseo Bolívar, el centro comercial Portal del Prado y un tramo de la calle 72.

Aldair y Farith vivieron una experiencia similar a la de un par de jóvenes en Rusia, que le apostaron a salir agarrados de la mano e igualmente ser grabados, para medir las reacciones de la gente en ese país. En el video publicado en Youtube no solo se escuchan ofensas. Uno de los jóvenes fue agredido físicamente.

En el caso barranquillero, la pareja gay se mantuvo de la mano todo el tiempo, mientras recibía toda clase de improperios.

Intolerancia que mata

Aldair y Farith iniciaron su primer recorrido en el centro comercial Fedecafé y lo terminaron en la carrera 39 con el Paseo Bolívar. Aunque admiten estar acostumbrados a los malos comentarios de la gente, en esta ocasión afirman que tuvieron que “contenerse en todo momento”.

“La gente aquí no respeta, pero tenemos que aprender a vivir con eso. Muchas veces contestamos a los comentarios groseros de la misma manera: groseramente”, asegura la pareja. Del irrespeto a la violencia física, traducida en algunos casos en homicidios contra miembros de la comunidad LGBTI, parece haber poco trecho. 

En la Región Caribe las alarmas están encendidas desde el 2007, cuando el Observatorio de Derechos Humanos de Caribe Afirmativo, organización que defiende los derechos de LGBTI en esta zona del país, inició estudios sobre violencia de género.

Solo en los últimos ocho años se han presentado 119 casos de homicidios a miembros de esta comunidad en la región, siendo Atlántico el departamento con más asesinatos, en total 46. “Lo que más preocupa es que el año pasado hubo 17 homicidios en la Costa Caribe. Habíamos bajado porque en 2013 registramos 26, pero en lo que va del primer semestre de 2015 ya vamos en  16 casos”, cuenta Edwin Nemes, coordinador del observatorio.

Ahora bien, de los 46 homicidios a LGBTI que han sucedido en el Atlántico, 29 ocurrieron en Barranquilla y su área metropolitana, 11 en Soledad, 2 en Malambo y 2 en Puerto Colombia. La intolerancia que mata también llegó a otros municipios del Departamento como Sabanalarga y Santa Lucía, con un homicidio respectivamente.

“Este fenómeno se debe a que en capitales como Barranquilla y Cartagena se ha dado una apertura, lo que nos preocupa porque a mayor visibilidad, mayor riesgo”. El miembro de Caribe Afirmativo se refiere con esto a que personas LGBTI son atacadas principalmente cuando demuestran en esencia el grupo social al que pertenecen.

Miran y ríen

La segunda parte del video fue grabado en el interior del centro comercial Portal del Prado, donde nuevamente la pareja de homosexuales caminó de la mano, mientras vivenciaba la reacción de los visitantes de este sitio.

Lo más común que pasó en este punto fueron las miradas constantes de los otros. Veían la escena “extraña”. Así lo relató Laura Obeso, una joven estudiante de Comunicación Social que se encontraba junto a su mamá y a una amiga en la zona de recarga del Centro Comercial.

“Me causó asombró y risa. No estoy acostumbrada a verlos en sitios tan públicos como este”, dijo la joven estudiante, quien agrega que “más bien tendemos a verlos en zonas especiales, donde ellos confluyen la mayoría del tiempo como la Plaza de la Paz”.

Para el sociólogo y académico Miguel Ángel Hernández, este tipo de reacciones demuestran que en Barranquilla se presenta una especie de “doble moral”, porque los habitantes de esta ciudad toleran y ven sin ningún asombro a personas LGBTI en ciertos espacios, pero los ven de manera “diferente” en sitios comunes.

“Durante la Guacherna Gay realizada en Barranquilla, evento al que asiste un nutrido público que en su gran mayoría es heterosexual, celebran y aplauden las actuaciones de decenas de trans que entregan un derroche de color en su recorrido. Y la gente lo disfruta”, cuenta el sociólogo.

Sin embargo, el profesional asegura que así como la gente va y participa de este tipo de eventos que organiza la comunidad LGBTI, todavía no está preparada para verlos en otros espacios de la ciudad. “Van más por el morbo que les causa ver a hombres luciendo cuerpos de mujeres, que por la misma aceptación que le pueden otorgar a personas que tienen igualdad de derechos”.

Lo que sucede, según Nemes, se debe a que en carnavales la ciudadanía se vuelve más tolerante, “pues es consciente” de que la comunidad LGBTI le aporta mucho al desarrollo de esta fiesta.

“La mayoría de los bailarines y de los personajes que trabajan tras bambalinas son homosexuales, pero es una lastima que a esta comunidad se le vea de manera positiva solo en este momento, mientras el resto del año son los gais los que rompen las reglas de lo que ha sido denominado como normal”.

Señalan e ignoran

 El final del ‘experimento social’ fue realizado y grabado en la calle 72, entre las carreras 46 y 54. Los resultados en esta zona de la ciudad fueron similares: miradas persistentes, uno que otro comentario grosero y los silbidos comunes de burla. 

“Notamos que acá arriba las reacciones fueron dicientes, pero no tan desbordadas como las que percibimos en el centro. La gente es como más reservada, pero no dejan de asombrarse, sin duda”, cuenta Aldair.

Según algunas tesis de Caribe Afirmativo, la violencia hacía la comunidad LGBTI se puede dar en diferentes formas, según el sector. Lo cierto es que “sea cual sea el sector y el estrato del mismo, la gente seguirá juzgando y mitificando el comportamiento diferente de algunos”.

Un presente incluyente

No hay que caminar mucho, como hicieron Aldair y su pareja, para comprender la realidad que sigue viviendo la comunidad LGBTI en Colombia, metida en una ‘guerra’ ya no en las calles sino en los estrados judiciales.

Si bien la Corte, a través de la sentencia C-577 de 2011, reconoció que las parejas del mismo sexo son una familia y ordenó al Congreso legislar para regular el matrimonio igualitario, la negativa de esta corporación pública a hacerlo, más la presión que ejerce la Procuraduría sobre los derechos de LGBTI, los tiene en un limbo jurídico, al igual que a los jueces y notarios que no saben con claridad cómo proceder. Una burla más.

En este transitar se han encontrado con personas como la jueza 44 civil de Bogotá, quien afirma que “el único contrato que regula relaciones de pareja, tiene efectos civiles en las personas y permite conformar una familia es el matrimonio”, posición que le costó una tutela de la Procuraduría.

Para el organismo público, se trata simplemente de una divergencia jurídica. En medio de estos vacíos, el pasado jueves se celebró una audiencia pública en el centro de Bogotá, para debatir sobre el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

Jorge Armando Otálora, defensor del Pueblo,  mencionó que “los prejuicios y estereotipos no están en los cuerpos de quienes son discriminados, sino en la mente de quienes discriminan”. 

Para Edwin Nemes de Caribe Afirmativo el Gobierno le  ha dado un “guiño” a la unión legal de parejas del mismo sexo, sin embargo afirma que “deben existir políticas públicas impulsadas por los gobiernos locales que amparen la igualdad de derechos para los miembros de esta comunidad que hace mucho dejó de ser minoría”.

Transcurrida la audiencia, la comunidad LGBTI está a la espera del fallo de la Corte. Está por verse entonces qué tan preparada está la sociedad para acoger, no por momentos, sino para siempre y con dignidad a sus miembros.


POR:  MARÍA T. GUTIÉRREZ COLL
Tomado de http://www.elheraldo.co/

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