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sábado, 16 de enero de 2021

La incertidumbre tras una foto

 

La incertidumbre tras una foto


Por Manuel Velandia Mora*

De alegrías, penas, tristezas y desengaños; del exilio y el retorno; de los amores perdidos, encontrados y re-encontrados…  De eso podemos conocer cuando miramos directamente a los ojos y nos permitimos reconocer al otro como un auténtico otro.

Hace catorce años, 16/01/07, me sentíaprofundamente triste. En pocas horas viajaría a mi exilio español. Era muy acojonante despedirse de las personas amadas sabiendo que el retorno no hacíaparte de los planes. 

Mi familia no sabía las razones reales por las que partía; salir en secreto significaba menos riesgo para su vida y la mía, pues a ellos los habían incluido en las amenazas de muerte. 

Estaba apesadumbrado por no poder despedirme de todes les amigues, era muy doloroso acabar una relación de un momento a otro, serían nuestras ultimas horas juntos.

Preocupante pensar en un futuro incierto. Lloré una y otra vez, fue en silencio y en la soledad. Ya había donado algunos de mis libros y equipos al CAIDS Chapinero. Las pertenencias se redujeron a lo que cupo en dos maletas. Las hice y deshice una y otra vez.



Este fue mi primer selfie. Lo realicé al segundo día de estar en San Sebastián, en el País Vasco; la primera ciudad que me acogió en España. En mis ojos se nota el llanto, aun cuando intenté sonreír. Estaba estrenando, mis maletas se habían “extraviado” extrañamente en el viaje; debí comprar ropa y zapatos nuevos, que me sirvieran para la nieve, pues estaba nevando desde que llegué a la terminal. Tan solo tenía conmigo mi cámara, un libro y algunos elementos para el aseo.

Al lunes siguiente comencé a estudiar el doctorado, debía cursar primero un máster en psicopedagogía. Antes de cumplir la semana inicié mis trámites para lograr el asilo político; debía desplazarme a Bilbao cada vez que tenía una reunión en CEAR Centro Español de Ayuda al Refugiado. 

Inmediatamente me contacté con la organización LGBT de la ciudad y les pedía apoyo y acompañamiento. En Gehitu no lograron entender inicialmente que lo que yo necesitaba era apoyo emocional. Cuando al segundo día regresé me sorprendí al ver un cartel en que pedían ropa, comida y ayuda económica para mí. Inicialmente les fue muy difícil comprender que mis necesidades eran políticas y emocionales. Fue la primera organización de la que me hice miembro.

CEAR me recomendó seguir mi caso en el acompañamiento de la Cruz Roja española, acababan de montar una oficina de apoyo al refugiado en San Sebastián y yo fui su primer caso. Me consiguieron una abogada de oficio, oír mi historia relatada por ella al policía que interrogaba sobre mi caso era bastante espeluznante, sentí que mi caso era más grave de lo que realmente yo quería aceptar. Tres años después me concedieron el estatus de refugiado, con la aplicación de la nueva ley de asilo en España fui la primera persona a la que le fue reconocido el estatus en razón de su orientación sexual homosexual.

Con la ley de víctimas en Colombia se abría un panorama, que en ese momento parecía diferente. Decidí sentar un precedente y presentar mi caso recalcando la idea de que era una víctima homosexual, fui la primera víctima marica reconocida por dicha norma legalLuego me hice parte del FIV Foro Internacional de Víctimas capítulo de Alicante; me centré en el apoyo emocional a otras personas y dediqué parte de mi trabajo artístico al ejercicio político ARTtivista. Le di fuerza a mi carrera como creador artístico, trabajé mucho más en la poesía, el grabado, la escultura, la fotografía y la performance.

De San Sebastián pasé a vivir a Alicante, me desplacé allí para iniciar mi 2º doctorado. Gran parte de mi tiempo lo pasé estudiando, fueron cinco másteres todos con notas sobresalientes, dos doctorados Cum laude por unanimidad y uno de ellos con premio extraordinario de doctorado. Un poco antes de cumplir el primer año de vivir en España fui elegido coordinador general de DecideT Asociación LGTBI y de la provincia de Alicante, allí organicé la primera marcha, conseguí que se izara la bandera en el ayuntamiento, apoyé la creación de la Ley 23/2018, del 29 de noviembre, de la Generalitat, de igualdad de las personas LGTBI.

Tuve tres hermosas parejas... A quienes amo y aún son mis amigos. Me acompañé de nuevos cómplices para la vida; las personas me cobijaron, me llenaron de afecto, me apoyaron impulsando mis trabajos, se volvieron escucha, se emocionaron con mis alegrías y también lloraron con mi tristeza. Los homenajes que me hicieron como despedida hicieron menos triste mi partida. Incluso después de estar en Colombia los reconocimientos siguieron; para mí es un orgullo y honor ser considerado alicantino.

El exilio es una experiencia diferente de vivir la cotidianidad, pero también es la posibilidad de construir nuevamente la existencia, encontrar nuevos caminos, vivir los afectos de otra manera, y de alguna manera volverte a poner el centro de tu existencia.

Algunos lo llaman resiliencia, yo simplemente me enfoqué en ser feliz, de otra manera los paramilitares habrían ganado, ni siquiera pudieron asesinar mis ilusiones.

Retornar a Colombia es un nuevo exilio; nuevamente haces y deshaces la maleta, abandonas las cosas que creías importantes, te enfrentas a un futuro incierto, llegas a una ciudad que te es desconocida; surgen nuevos miedos, certidumbres e incertidumbres. Te re-encuentras con los amigos, y observas que algunos no lo eran tanto. Es extraño pensar que algunas personas ni siquiera se dieron cuenta que yo estuve algo más de doce años fuera del país. 

También es maravilloso saber que algunos te estiman, te admiran, te reconocen, valoran tu trabajo, han seguido su trayectoria… Entusiasma conocer que gente joven te ha leído, te tiene como referencia… Así para algunos tan sólo seas un dinosaurio marica vivo.


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AFRICA: Presidente de Uganda llama a las personas LGBT+ "desviadas". En respuesta ONUSIDA pide sean tratados siempre con "respeto y dignidad"

El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, ha dicho que los gays son "desviados" y que el movimiento por los derechos de las personas LGBT+ es una forma de "imperialismo social". Museveni, que ha sido presidente de Uganda desde 1986, hizo sus comentarios en una entrevista con Christine Amanpour de la CNN, quien le preguntó por qué los líderes políticos y la sociedad en general tienen tanto miedo de las personas LGBT+.



ONUSIDA hace un llamamiento para que la comunidad LGBT de Uganda sea tratada siempre con respeto y dignidad

ONUSIDA se muestra completamente preocupada por el desprecio a las personas de comunidades lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT) en Uganda, el cual podría llevar a mayores niveles de violencia, estigma y discriminación contra ellas y reducir su acceso a los servicios relacionados con el VIH y otros servicios esenciales. En una entrevista reciente con los medios de comunicación, el presidente del país africano, Yoweri Museveni, habló de ser LGBT como una «desviación»


«El utilizar un lenguaje ofensivo que describe a las personas LGBT como una “desviación“ es algo completamente inaceptable», señaló Winnie Byanyima, Directora Ejecutiva de ONUSIDA. «El estigma y la discriminación basados en la orientación sexual viola los derechos y aleja a las personas de los servicios relacionados con las pruebas, el tratamiento, la prevención y los cuidados para el VIH La epidemia del VIH no verá nunca su fin mientras siga habiendo grupos de personas excluidos de los servicios sanitarios».


ONUSIDA defiende con legisladores, otras autoridades gubernamentales y la sociedad civil en todo el mundo el establecer leyes antidiscriminatorias y protectoras que sean capaces de acabar con la discriminación y la violencia sufrida por la comunidad LGBT. Asimismo, todos ellos trabajan para hacer realidad el derecho a la salud de todas las personas sin excepción.

Uganda ha logrado un importante progreso contra la epidemia del VIH en los últimos años. Del millón y medio de personas que se calcula que vivían con el VIH en Uganda en el año 2019, alrededor de 1,3 millones conocían su estado serológico y 1,2 millones estaban en tratamiento. Más del 95 % de las mujeres embarazadas y lactantes que viven con el VIH en Uganda están en tratamiento antirretroviral para mantenerse sanas y evitar la transmisión del virus a sus hijos.

Sin embargo, en el país ugandés los gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres tienen menos posibilidades de acceder a los servicios relacionados con las pruebas, el tratamiento, la prevención y los cuidados para el VIH que hacen que se encuentren sanos y bien, en parte debido al estigma y la discriminación a la que se enfrentan en los centros de atención sanitaria y en toda la sociedad. 

«No cabe duda de que, para poner fin a la epidemia de sida en Uganda, urge construir una sociedad más inclusiva en la que todo el mundo disfrute del derecho a la salud. ONUSIDA está lista para aportar su grano de arena junto a todos los socios y poner fin al estigma y la discriminación contra la comunidad LGBT, y lograr el pleno respeto a los derechos humanos universales», reiteró la Sra. Byanyima.


DECLARACIÓN DE PRENSA
GINEBRA, 12 de enero de 2021


ONUSIDA


El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) lidera e inspira al mundo para hacer realidad su meta global de cero nuevas infecciones por el VIH, cero discriminación y cero muertes relacionadas con el sida. ONUSIDA aúna los esfuerzos de 11 organizaciones de las Naciones Unidas (ACNUR, UNICEF, PMA, PNUD, UNFPA, UNODC, ONU Mujeres, OIT, UNESCO, OMS y Banco Mundial) y trabaja en estrecha colaboración con asociados mundiales y nacionales para poner fin a la epidemia de sida para el 2030 como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Obtenga más información en unaids.org y conecte con nosotros a través de Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

viernes, 15 de enero de 2021

El Documental "Santuario, el inesperado refugio de indígenas trans en Colombia" de BBC esta nominado a Premios Gabo 2020 de periodismo, en la categoría de imagen.

"Santuario, el inesperado refugio de indígenas trans en Colombia" 

Santuario es un apacible pueblo de montaña de Colombia, dedicado a la producción de café. Desde hace algunos años varias mujeres transgénero indígenas lo han elegido como lugar en el que vivir lejos de sus comunidades, en las que no se les permite mostrarse como mujeres.




Las indígenas transexuales que encontraron un refugio en Santuario, un conservador municipio de Colombia


Por Alejandro Millán Valencia
Enviado especial a Santuario, Colombia


Dentro de una casa de ladrillo amarillo, en un cuarto oscuro, cuatro mujeres bailan. Levantan las manos, coordinan el movimiento de la cadera, dan vueltas en círculos desordenados alrededor de un poderoso parlante de casi dos metros de altura del que salen los acordes jubilosos de una canción.


Una de ellas se llama Samantha Siagama.

Hace algunos años, Samantha tenía nombre, corte de pelo y ropas de varón. Y era tratada como un hombre de la comunidad embera, la etnia mayoritaria en el Occidente de Colombia.

Hasta que un día dijo que no señores, que ella era una mujer.

"Mi familia me dijo que si yo me convertía [en mujer] era mejor matarme. Mejor acabar con la vida. A los 13 años me fui", relata Samantha, ahora con 27.

"Y después de deambular por algunos pueblos, llegué a Santuario. Aquí me recibió un cafetero que en su finca siempre nos ha tratado bien".

La casa donde vive y danza está clavada en una de las montañas que sostienen a Santuario, un municipio colombiano -ubicado unos 350 kilómetros al oeste de Bogotá- del que surge un sinfín de líneas simétricas de cafetales que se estiran hasta donde alcanza la vista.

Samantha Siagama llegó a Santuario proveniente de un municipio conocido como Mistrató, en el departamento de Risaralda.

Hace años, las otras tres mujeres —Yorladis, Marcela, Bella— también tenían nombres, cortes de pelo y ropas de varón, y eran tratadas como hombres.

Debieron escapar de sus comunidades para poder vivir y bailar como mujeres. Y después de peregrinar por calles, puentes y veredas, terminaron en Santuario.

Samantha les abrió las puertas de la finca y convenció al patrón para que las dejara vivir con ella.


"Hacerse mujer"

6:30 am. Samantha, que es capataz del establecimiento cafetero donde vive, acaba de despachar al campo a dos trabajadores con el desayuno y un termo lleno de tinto (café) hirviendo.

Cuando todos se han ido, ella comienza a maquillarse.

De varios frascos que antes sirvieron como recipientes de bebidas instantáneas en polvo, va retirando los productos para retocarse la cara.

Primero el rímel para las pestañas, luego la base para el rostro y finalmente un delineador sobre los labios.

Es un procedimiento que ejecuta casi a ojos cerrados con los maquillajes que compra en el pueblo cada ocho días.

La ceremonia se repite con el pelo: lo peina con la misma delicadeza con la que más tarde tejerá sus vestidos.

"Acicalarme así me hace sentir bien. Me hace sentir una persona que tiene un lugar", dice.


Les dije a mis papás que me sentía diferente. Me presenté diferente, me presenté como niña"

Samantha Siagama


Un sitio que perdió a los 13 años, cuando tuvo que salir de su comunidad porque se sentía mujer y allí todos la conocían como hombre.


Pero la sensación de exilio había empezado antes.

Cuando era más pequeña su madre comenzó a notar que Samantha, que por entonces no se llamaba así, caminaba y se vestía distinto de los demás. Tenía un nombre que hoy prefiere no decir en alto y que ya entonces le era ajeno.

"Un día mi mamá me dijo que por qué yo andaba todo raro. Y lo pregunté, '¿por qué?, ¿qué me ve a mí?'. Entonces ella me dijo 'es que yo a usted lo veo todo raro'. Y eso a mí eso me sonó bueno. Me gustó que viera que era diferente".

"Pero le dije 'no me diga que soy raro', le expliqué que yo me sentía diferente. Entonces me presenté diferente, me presenté como niña".

La respuesta de su familia la desconcertó.

"Cuando uno quiere ser transgénero a ellos no les gusta. 'Si él está haciendo eso, mejor matar', decían. Para que la gente no murmure de un papá o de un hermano. Ellos prefieren matarlo a uno o mandárselo a la guerrilla", relata.

Pero ni siquiera la guerrilla, que siempre estuvo ávida de reclutar nuevos combatientes, quiso tener transgéneros en sus filas. Mucho menos, indígenas transgénero.

- Entonces comenzó su travesía.

El trasteo errabundo fuera de su territorio la condujo a Pereira, la principal ciudad del departamento de Risaralda.

Se hizo en la calle y en algunas casas donde encontraba refugio.

También conoció a otras mujeres transgénero.

Y fue una de ellas la que finalmente le indicó que su tierra prometida estaba en un pueblo al que llamaban "La perla del Tatama".

"Un día conocí a Alejandra. Ella era transgénero. Era flaca, muy pálida. Parecía que se iba a morir. Fue la que me dijo que en Santuario había otras como yo. Que por qué no me iba para allá".

Los primeros días en Santuario los tiene en una nebulosa. Recuerda que algún día comenzó como todas, recogiendo café, pero su naturaleza de líder la puso pronto a administrar una finca.

Y gracias a ella sus amigas encontraron un lugar donde refugiarse.

El relato de su propia vida que hacen estas mujeres —se estima que unas 30 transgénero residen en el municipio— es una historia que se repite en los detalles y que solo varía un poco por el inicio: "Cuando tenía 10 años", "Cuando tenía 7 años", "En mi caso fue a los 12".

Todas dicen que en el preciso momento en que se reconocieron como personas se sintieron mujeres, pero a ninguna le resulta fácil hablar de ese pasado.

Bajan la mirada, una de ellas suspira y mueve la cabeza de lado a lado en un "no" interminable.

Es el momento en que Yorladis sube el volumen de los parlantes y la música y el baile copan la casa.

Tener una danza que las represente, me explican, es el primer paso hacia el objetivo de convertirse en una comunidad.

A su lado, María observa el circuito de las bailarinas entusiastas.

Ella es la que tiene más edad de todas las que habitan la casa y, aunque no quiere derrumbar el ímpetu de las muchachas, comienza a corregir los errores de coordinación, a disciplinar el movimiento de las manos y a establecer los tiempos de las caderas.

María no es transgénero. Pero Bella, su hija, sí lo es.

Ambas tuvieron que huir de su comunidad en Mistrató, primero debido a la violencia de la guerrilla, pero luego no pudieron volver porque su hija ya había dicho que quería ser mujer.

Y eso allí no lo iban a aceptar.

Antes de escapar, la madre ya lo intuía.

A eso de los 7 años, Bella comenzó a jugar con muñecas. Después fue maquillarse con los mismos pinceles y labiales que María, las faldas por encima de las rodillas, y el pelo largo.

"Yo le decía que no, que eso era solo para mujeres, pero no me hacía caso. Yo le preguntaba entonces 'usted qué quiere ser ¿hombre o mujer?'".

Sin embargo, fue en el colegio, al ver que los castigos para que corrigiera el rumbo no tenían efecto en Bella, que una de las profesoras perdió la paciencia y se lo dijo sin tapujos.


"María, me dijo, yo creo que Jesús Estiven no va a ser varón. No juega con los niños, sino solo con las muchachitas. Ese no va a ser hombre. Ese va a ser transgénero".


Los hermanos de Bella se negaron a aceptarla en su nueva condición.

Por eso tuvo que seguir orbitando en el exilio junto a su madre: si Jesús Estiven se había ido, Jesús Estiven era el que tenía que volver. Las autoridades de su resguardo no le iban a permitir la entrada a Bella, a quien no conocían.

Hasta que aterrizaron en Santuario, tres años atrás.

"Me gritaban en la calle que soy gay y esas cosas. Pero a mí no me importa, porque desde pequeña mi sueño era convertirme en una mujer", relata Bella.

María, me dijo la profesora, yo creo que Jesús Estiven no va a ser varón. No juega con los niños, sino solo con las muchachitas. Ese no va a ser hombre. Ese va a ser transgénero"

De acuerdo al censo nacional, en Colombia hay cerca de 1.900.000 indígenas que están distribuidos en 7.049 comunidades alrededor del territorio y que pertenecen a 108 etnias.

Y a excepción de algunos casos similares -pero aislados- que se conocieron en la comunidad wayuu en la Guajira (norte de Colombia), la situación de las mujeres indígenas transgénero en Santuario es inédita en el país.

No existe otro asentamiento donde confluyan quienes han redefinido su identidad de género.

Una de las principales razones de que esto no haya ocurrido antes es que dentro de una comunidad indígena está prohibido ser homosexual, transgénero o transexual.

"Hay un estatuto que dice que si un hombre quiere hacer (convertirse) en una mujer, hay una sanción".

"Los jóvenes que estén viviendo en resguardo (como se llama al asentamiento de una comunidad indígena) tienen que acatar el reglamento interno".

Las palabras son de Martha Cecilia Embaregamba, la consejera de mujer y familia del Consejo Regional Indígena de Risaralda, que agrupa a los resguardos indígenas que existen en el departamento.

Embaregamba sostiene que la norma es entendible, porque para ellos -en el marco de sus creencias, costumbres y saberes tradicionales- la causa de "este asunto", como llama a la transexualidad, debe buscarse en el contacto de las comunidades indígenas con las poblaciones mestizas.

Considera que el autorreconocimiento de las mujeres transgénero se produjo por una suerte de "efecto contagio" y, en especial, cree que se aceleró con un cambio de alimentación ocurrido hace 40 años.

"Antiguamente, en las personas ancestrales, no se conocían estas enfermedades, porque ellos se alimentaban con cosas típicas de la región. Después de la década de los 70, comenzaron a consumir alimentos transgénicos. Puede que eso haya traído esa 'enfermedad'", dice sin dudar que se trata de una afección, aunque la psiquiatría moderna hace décadas que lo desestima.

Lo cierto es que las comunidades indígenas en Colombia, y en especial los embera, han luchado por conservar sus tradiciones centenarias y, por esa razón, en ocasiones han evitado el contacto con el mundo moderno.


Santuario, Colombia

70%

de su territorio está cultivado de café y que produce unas

6.000 toneladas

de café al año.

15.715habitantes. Fue fundada en 1886.

Martha Cecilia viste la misma ropa que Samantha. El mismo collar.

Ambas son emberas, comparten origen y ancestros, pero la funcionaria no siente empatía por quienes han abandonado la comunidad para redefinir su identidad de género.

Sin embargo, aclara que mientras las mujeres como Samantha estén fuera de los resguardos no se les puede aplicar ningún castigo.

Hace más de un año, después de que sus historias llegaran a los titulares de los principales medios de Colombia, los gobernadores de los resguardos indígenas de Pueblo Rico -vecino a Santuario- amenazaron con salir a cazar a las transgénero para devolverlas a las comunidades y castigarlas allí.

Pero hasta ahora nadie ha venido por ellas. Y ellas quieren volver, pero como mujeres.

De lo contrario, prefieren quedarse donde están.

"Ellos dicen que no nos quieren allá como mujeres, porque nosotros vamos a convertir a los niños", replica Samantha.



- ¿Por qué Santuario?


Existe un censo de las mujeres indígenas transgénero que residen en Santuario, que señala que hay oficialmente unas 30 de ellas.

Santuario es un conjunto de casas de dos plantas, balcones coloridos y puertas abiertas, que flota sobre un enorme cafetal.

El 70% de la superficie del municipio está cultivado con café y de cómo se comporte el grano en los mercados internacionales depende el estado de ánimo de este lugar.

Desde 2010 su precio ha caído un 42% y, en ese descenso vertiginoso, los caficultores han visto cómo los recolectores tradicionales abandonaron sus labores entre los arbustos de los cafetales en búsqueda de oficios más rentables.

Ahí fue cuando comenzaron a aparecer las primeras mujeres indígenas transgénero: cuando se quedaron sin gente para recoger las 6.000 toneladas de café que produce el suelo de Santuario cada año.


Recoger café es un trabajo muy duro si uno no tiene marido"

Marcela


Para entrar a la casa de Everardo Ochoa Pareja, el alcalde de Santuario, hay que atravesar un corredor estrecho que conduce a un caserón de dos pisos y cuartos múltiples donde se alojan varias familias.

Las personas que viven acá para ubicarse las unas a las otras se gritan entre sí, pero no por descortesía, sino por simple necesidad de orientación.

En 2016, Ochoa Pareja fue elegido como mandatario local pero, como él mismo dice, es un caficultor convertido en político "por necesidad".

Él y su familia fueron algunos de los dueños de fincas que enviaron sendas camionetas a los resguardos indígenas para reclutar nuevos recolectores cuando los trabajadores habituales desaparecieron de la noche a la mañana.

"Muchos de esos indígenas se quedaron acá y como que venían con ese impulso de ser transgénero, porque allá en sus resguardos no lo podían hacer y aquí sí", cuenta el alcalde.

"Cuando ellos viajan de paseo a sus comunidades, se visten como todos un hombrecitos. No como se visten aquí, donde sí se los permiten".

De acuerdo a Ochoa Pareja, en épocas de cosecha puede llegar a haber unas 100 indígenas transgénero residiendo en el pueblo. Aunque en el censo que tiene la oficina encargada de este tema en la alcaldía ese conteo solo llega a 30.


Pelotas en los pechos

Desde su fundación, Santuario, como si en el nombre de la localidad estuviera escrito su destino, se ha destacado por su profunda concepción católica y conservadora, que se ha extendido a la política.

Desde hace varias legislaturas, el alcalde ha pertenecido a los partidos de la derecha colombiana.

En las últimas elecciones presidenciales, el 63% de los votos aquí fueron para el candidato del uribismo y finalmente ganador, Iván Duque.

Cuando hace unos seis años las primeras transgénero comenzaron a hacerse ver, su presencia contrastaba con el espíritu monacal del pueblo.

"Al principio nos pareció que era una cosa cultural de ellos".

Norman Gaviria, el enlace de la Alcaldía de Santuario con la comunidad LGTB, revisa los detalles finales de un impreso que deberá repartir dentro de dos semanas en los colegios del pueblo.

El volante tiene forma hexagonal y está doblado con la técnica de las figuras de origami.

Cuando el mecanismo de papel se opera, el volante se abre y se convierte en una flor rectangular con varios mensajes pedagógicos sobre la tolerancia con las diversas identidades sexuales.

A Gaviria no se le hizo extraño ver a las primeras indígenas transgénero en el pueblo, porque en principio no pensó que fueran mujeres.

"No llevaban vestidos de mujer ni nada por el estilo, solo se maquillaban la cara. Nosotros dijimos 'así son ellos' y no les prestamos mucha atención".

"Pero al poco tiempo, y debo aceptar que hasta nos pareció chistoso, se ponían pelotas en los pechos para simular los senos o faldas en la cabeza para hacer creer que tenían el cabello largo".

Hasta que un día el asunto ya no fue causa de mofa.

Ellas dejaron de lucir el extraño aspecto de hombres maquillados sin orden y en el pueblo comenzaron a darse cuenta que eran mujeres asumidas que buscaban un lugar donde no las quisieran expulsar. O matar.

Llega el sábado. Día de mercado. El pueblo hierve de gente: el conductor de jeep que come una empanada con un café caliente, el vendedor de camándulas e imágenes de la Virgen, el pastor evangélico que no solo pregona la buena nueva al pueblo de Dios sino que toca el piano como si fuera Richard Clayderman. Los jubilados de sombrero de fieltro.

Las campanas estallan en la punta de la iglesia cada diez minutos.

Samantha, Yorladis, Bella y Marcela se bajan del jeep que las ha traído, se sacuden el polvo y caminan hacia el hospital.

Samantha no se ha sentido bien en los últimos días y quiere que le revisen una hinchazón que tiene en la parte de atrás del cuello.

Las demás vienen con la idea de hacerse un examen de sangre.

"Yo quiero dedicarme a otra cosa", rezonga Marcela.

Marcela Valencia tiene el pelo largo, lacio y pesado, es menuda pero tiene unos brazos portentosos que se ha tatuado con algunos amores del pasado, amores que no volverán, pero que no se pueden borrar.

Ella llegó a Santuario de paseo desde el Chocó con unos primos, pero cuando durante el viaje decidió revelarles que era una mujer, esos primos la abandonaron a su suerte.

Y no le quedó otro remedio que recoger café, porque para dedicarse a otro oficio -el que sea- tiene que tener un documento de identidad.

"Yo ni siquiera sé cuántos años tengo".


Cédula

El pabellón principal del hospital de Santuario está colmado de pacientes que esperan en penumbras a que se ilumine un cartel y muestre el mismo número que tienen en el boleto impreso que llevan en la mano.

Por la puerta principal ingresa el grupo de mujeres, liderado por Samantha, quien hace voltear las cabezas de todos los que están allí con su vestido azul impecable y el cabello que le cae por el hombro.

"Emilio, Jesús Estiven... pasen"

Por los altavoces se escuchan nombres masculinos, pero las que se levantan de la sala de espera son Bella, Yorladis y Marcela.

Samantha debe esperar. Tras una media hora por fin alguien la llama.

-Vengo a que me vean.

-Nombre y número de cédula...- le dice un hombre frente a un computador del otro lado del vidrio.

-Samantha Siagama. Pero no tengo cédula.

-Lo siento, pero sin cédula no tengo cómo meterla en el sistema...


La cédula. El documento.

Además de que ya no pertenecen a una comunidad, las indígenas transgénero tampoco tienen forma de demostrar que pertenecen a un país.

"La mayoría escapó de sus territorios siendo muy joven y no tenían ni el registro civil que es indispensable para sacar la cédula. Y, por supuesto, no pueden volver a sus resguardos por ellos porque no se los van a dar", explica Gaviria, el enlace de la alcaldía.

Con cédula existes. Al menos puedes ir y pedir un trabajo con todas las condiciones. Sin ella, la única opción es el café.


Entendí que lo sexual en los temas indígenas no representa bajo ninguna lógica una relación directa con lo sexual en comunidades mestizas"

Jairo Martínez, antropólogo


"Me gustaría terminar el colegio y estudiar enfermería- dice Marcela y sonríe por primera vez en mucho rato.

Los corredores que hay entre los cafetales son angostos y permanentemente hay que esquivar las ramas ásperas que pueden partir la cara con un rayón.

Sin contar que, dependiendo del día, hay que lidiar con el sol o con la lluvia.

Durante la semana, entre los recovecos de las matas, Marcela intenta recoger los granos rojos que todavía cuelgan de las ramas.

Su corta estatura alguna veces la obliga a doblar los palos para acercar las hojas que están más altas. Pero debe tener cuidado.

"Si rompo el palo, me despiden- se queja-. Si llego tarde, me despiden. Esto es un trabajo muy duro si uno no tiene marido. Si no hay un hombre que la ayude a una a levantar los bultos".

Los bultos son sacos repletos de granos para secar al sol, que pueden llegar a pesar 70 kilos, casi lo mismo que pesa Marcela.


Lleva meses intentando cambiar de vida.

Un día se acercó a pedir trabajo de mesera en una de las tabernas del pueblo y lo primero que le exigieron fue la cédula.

Pero ella ni completó la escuela y el documento de la partida de nacimiento está en el resguardo al que no puede volver.

Gaviria señala que, en la mayoría de los casos, los pocos documentos que las mujeres transgénero llevan con ellas tienen el nombre masculino que le dieron sus padres.

"Después de la cedulación, que es gratuita, deben realizar otro trámite que es el de cambiarse de nombre, pero que tiene un costo de 110.000 pesos (US$30)", detalla.

"Estamos buscando formas de poder ayudarlas en lo económico, con el transporte o de otras maneras para que puedan tramitar su proceso de cambio de nombre sin tener que pagar ese dinero".

Se avanza donde se puede: los exámenes de sangre que les hicieron a Marcela, Yorladis y Bella en el hospital eran para determinar su factor sanguíneo, otro de los requisitos para sacar la cédula.

Pero aún falta mucho para lograrlo. Y fue precisamente ante esta necesidad de asistencia que surgió la idea de crear una comunidad.


Sexualidad binaria

La mayoría de estas mujeres habla en un español pedregoso que a duras penas se entiende.

Por eso, cuando se trata de diligenciar documentos un personaje clave ha sido Jairo Tabares.

Es alto y delgado y se destaca en el pueblo por su cabellera rubia.

Hace poco más de un año, este antropólogo del Instituto Colombiano de Antropología e Historia llegó a Santuario con la idea de estudiar el caso de las mujeres indígenas transgénero, un tema que dentro del mundo académico ha sido escasamente investigado.

"A excepción de los muxes en México y uno que otro ejemplo del homosexualismo -aunque no del transgenerismo- en comunidades en Brasil, el panorama está totalmente vacío en cuanto a la producción antropológica que hay en torno a la sexualidad en comunidades indígenas", señala.




Entre montañas, Santuario es un municipio ubicado a unos 350 kilómetros de Bogotá.


Su primer encuentro con las transgénero embera le mostró, además, que el asunto en Santuario era distinto.


Cuando llegó al pueblo, después de buscarlas un rato y no encontrar a ninguna, le preguntó a una de las vendedoras del parque y ésta le señaló a las cuatro personas que él ya había visto varias veces.

-Vea, son ellas. Ahí están.

-No, ellas no son...

"No las había reconocido. No lucían como el estereotipo que yo tenía de la mujer trans. Con el tiempo, ellas me fueron mostrando un concepto totalmente opuesto al que yo tenía preconcebido. Y entendí que lo sexual en los temas indígenas no representa bajo ninguna lógica una relación directa con lo sexual en comunidades mestizas".

Explica —intenta explicar lo que será el centro de su tesis de investigación— que las mujeres transgénero indígenas han roto una norma sexual muy profunda dentro de sus comunidades: la de un binarismo que es incuestionable y no acepta otras expresiones de identidad sexual por fuera de las categorías hombre-mujer.

Y eso las ha puesto ante una disyuntiva, entre demostrar que existen otras formas de ser mujer y ser embera, o bien quedarse en silencio.

Tabares lo tiene claro: ellas han elegido lo primero. A pesar de que eso las ha llevado al ostracismo de sus familias y sus asentamientos.

Por eso lo importante de tener su cédula.

"Para ellas es fundamental poder identificarse, porque su búsqueda constante pasa por eso: por ser y pertenecer a un lugar", concuerda Martínez.


Volver a casa

No ha sido una mañana fácil, pero Samantha sale feliz, porque finalmente le dieron la cita y la doctora no solo le recetó algo para el dolor, sino que le dijo que la remitiría a una ginecóloga para que le hicieran un examen general.

Después de sortear las tramas del sistema de salud, las muchachas quedan libres para hacer lo que quieran.

Pero las cuatro solo tienen el dinero exacto para regresar.

El jeep que sale para su vereda apenas arranca a las tres de la tarde, o sea, en seis horas. Juntas deambulan por las calles de Santuario en dirección al parque principal.

Es como caminar por una pasarela bajo la mirada escrutadora de todo el pueblo.

Luisa Corrales y Omaira Rojas salen de la iglesia a las apuradas.

Deben regresar a clase. Ambas son profesoras de preescolar y se escaparon de sus labores para asistir un rato a la iglesia.

También han visto a Samantha y a las otras muchachas pasear por el pueblo y les han llamado la atención.

-Me parecen personas auténticas. Llevan sus vestidos con orgullo y no nos molestan- responde Luisa con determinación.

-Pero es una contradicción con lo que se cree en la Iglesia católica - impugna un vecino que escucha la conversación y no quiere decir el nombre.

- Yo lo que aprendí es que solo Dios puede juzgar a las personas.

La respuesta de Luisa parece resumir el sentimiento de gran parte de Santuario: ellos no juzgan, solo miran, quizás con curiosidad excesiva, pero nada más.

Cuando llegan a la plaza, se encuentran con las mujeres transgénero de otras fincas que también han viajado a Santuario para ir al mercado, recibir el pago semanal y aprovechar para estar un rato con sus novios sin los apuros del trabajo.

Muchas van de la mano de sus parejas.

No son sus maridos ante la ley, pero así es como los llaman.

Marcela mira hacia todas partes. Un chico le escribió al celular y le dijo que quería verla.

Ella le avisó que se iba a las tres. Está ilusionada. Su última experiencia amorosa se acabó porque él comenzó a pegarle, dice.

"Dejamos. Ahora estoy sola".

La violencia contra las indígenas transgénero es un tema constante de conversación, especialmente cuando los hombres indígenas se emborrachan en el pueblo.

El asunto ha llegado a tanto que, mediante una polémica norma local, después de las tres de la tarde está prohibido servirle alcohol a los indígenas.

"Esa es una medida que se tomó hace varios años, porque cada vez que venían al pueblo los sábados se embriagaban y causaban desmanes", explica el alcalde.

Paradójicamente, esa violencia fue lo que consolidó a Samantha en su rol de líder.

En su primera visita al pueblo, le tocó ver cómo uno de los hombres le pegaba a una transgénero.

Samantha no sólo detuvo el ataque, sino que, como era una de las pocas que hablaba bien español, fue hasta la policía para denunciarlo.

"Después varias me dijeron que, si yo quería, ellas creaban comunidad conmigo".

De acuerdo a la ley colombiana existen varios requisitos para instaurar una comunidad -o parcialidad- indígena.

Primero tiene que haber un número de familias que compartan las mismas costumbres y las mismas prácticas.

Y después, claro, enviar una pila de documentos al ministerio del Interior, que es el que tomará una decisión.

"Por ahora somos nosotras nomás. Nos dicen que tienen que ser 30 familias. Y estamos buscando el territorio", explica Samantha.

Sabe que el camino es largo, pero por esa misma razón hace tanto énfasis en lo que las transgénero pueden aportar para avanzar en esa dirección.

Una de las formas de demostrar la unidad de costumbres y prácticas ancestrales, dice, es a través de una danza bien organizada.


Pero al poco tiempo, y debo aceptar que hasta nos pareció chistoso, se ponían pelotas en los pechos para simular los senos

Norman Gaviria

Enlace LGTBI Alcaldía de Santuario


El baile que ensayan en el cuarto más pequeño de la casa consiste en mover las manos y los pies al tiempo mientras dan vueltas en el cuarto.

En la mitad de la canción, quedan unas junto a otras, como en un tren imaginario de vagones desalineados, en el que continúan circulando por encima de las baldosas.

Para el antropólogo Tabares, tal vez el destino de estas mujeres en Santuario esté signado por sus ancestros indígenas que todavía erran como espectros por las montañas que rodean el municipio.

"Deciden quedarse en Santuario porque están cerca del cerro Tatama, que ha sido una especie de centro espiritual ancestral para los indígenas que han habitado este territorio por siglos", explica.

"Su búsqueda no es ser reconocidas como mujeres, porque en sus comunidades ya las llaman 'wera pa', que significa mujer falsa. Es por una comunidad, una parcialidad a la que puedan pertenecer por derecho propio".

La danza continúa. Bella explica que se trata de una canción sobre un hombre borracho que ninguna mujer quiere y que en la coreografía, para hacer juego con la letra, los hombres pasan de una mujer a otra.

Sobre la mesa del corredor Samantha pone una bolsa negra.

Bella, Yorladis y Marcela dejan de bailar, se acercan y comienzan a extraer telas de varios colores. Parece que estuvieran desmembrado un arcoíris. Miden de forma artesanal -del codo a la mano, doblez y vuelta a medir- la extensión de los lienzos y envuelven con ellos sus cuerpos.

Alisan la tela con los dedos, bajan la cabeza para mirarse cómo les queda ese vestido aún sin coser.

María observa el proceso de medición.

Vuelve al mando. Les hace notar que las telas son de distintos colores y que para hacer una danza como lo manda la norma indígena los vestidos tienen que ser uniformes.

Pero el color es vital: es el mensaje que quieren dar como comunidad.

"El amarillo habla de los tesoros que eran nuestros. Si vestimos rojo, que es sangre, significa que no podemos matar. Si vestimos negro, que es el color de la venganza, es que debemos pedir paz", explica María con varias telas en sus manos.

Los retales quedan encima de las sillas, las barandas de los corredores y las colchas que cubren las camas.

Ya vendrán otros días para unirse bajo una misma danza.

Samantha termina de organizarse el cabello. Mañana muy temprano debe viajar a Mistrató, a su resguardo.


Los miembros de la comunidad van a exhumar el cuerpo de una de las chicas transgénero que ha muerto allí hace algunos años.

-Tengo que ir a recoger los restos para traérmelos para acá.

-¿Por qué?

-Porque si no, los tiran a la basura. Como es de una transgénero... Y aquí va a estar entre nosotras, para que pueda descansar en paz.



Este documental de BBC Mundo está nominado a los prestigiosos Premios Gabo 2020 de periodismo, en la categoría de imagen. 


● Investigación y presentación: Alejandro Millán

● Guion: Alejandro Millán y Natalia Pianzola

● Edición de video: Enric Botella. 

● Cámara: Camilo Estrada isaza

● Animación: Tere Lari

● Editora: Natalia Pianzola







jueves, 14 de enero de 2021

ILGA ACTUALIZA EL INFORME SOBRE HOMOFOBIA DE ESTADO: "HAY AVANCES EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE"

ILGA MUNDO ACTUALIZA EL INFORME SOBRE HOMOFOBIA DE ESTADO: "HAY AVANCES EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE"


Ginebra, 15 de diciembre de 2020 - A pesar de los avances considerables en la protección legal de las personas lesbianas, gays y bisexuales, 69 Estados miembros de la ONU continúan penalizando los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo, señala ILGA Mundo (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex). 


La última actualización de la sección Panorama Global de la Legislación del informe sobre Homofobia de Estado de ILGA Mundo se publica sobre el cierre de 2020 y ofrece los últimos datos sobre las leyes que afectan a las personas en función de su orientación sexual. Junto con el mapa de Leyes de orientación sexual en el mundo, presenta un claro panorama del progreso y los retrocesos que ocurrieron en todo el mundo este año. 



* Mapa de las Leyes sobre Orientación Sexual en el Mundo. Este mapa puede reproducirse e imprimirse sin permiso, siempre y cuando ILGA World esté debidamente acreditado y el contenido no se altere



"A diciembre de 2020, 69 estados continúan criminalizando los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo”, señaló Lucas Ramón Mendos, coordinador de investigación de ILGA Mundo y autor principal del informe. " La cifra se redujo en uno este año, ya que Gabón derogó la disposición criminalizadora que había aprobado en 2019, la cual terminó siendo la ley de este tipo de más corta vida en la historia reciente. Además, la semana pasada el parlamento de Bután aprobó un proyecto de ley para descriminalizar las relaciones sexuales consensuales entre personas del mismo sexo, y puede que pronto se convierta en ley".


ILGA Mundo ha podido verificar que al menos 34 Estados miembros de la ONU han implementado activamente las leyes de criminalización durante los últimos cinco años, pero el número posiblemente sea mucho mayor. “Donde aún rigen estas disposiciones”, explica Mendos, “las personas pueden ser denunciadas y detenidas en cualquier momento, incluso bajo la mera sospecha de haber practicado actos sexuales consensuales con alguien del mismo sexo. Los tribunales les procesan activamente y les condenan a prisión, flagelación en público o incluso a la muerte.


En 2020, el mundo entero tuvo que luchar contra las consecuencias de la pandemia del Covid-19. “Muchos quedaron luchando por sobrevivir en un mundo que se ha vuelto aún más desigual y violento”, señaló Julia Ehrt, Directora de Programas de ILGA Mundo. “Para nuestras comunidades, los espacios seguros se redujeron drásticamente de la noche a la mañana. Algunos gobiernos se aprovecharon de estas circunstancias y redoblaron sus esfuerzos para oprimirnos, perseguirnos, convertirnos en chivos expiatorios y discriminarnos violentamente. En muchos lugares donde las leyes ya eran una causa de desigualdad, las cosas solo han empeorado". 


Las mal llamadas "zonas libres de personas LGBT" proliferaron en Polonia; Indonesia trató de dar un nuevo impulso a las "terapias de conversión" y dos prohibiciones a nivel estatal fueron revocadas en Florida, EE. UU.; hemos visto leyes que podrían restringir severamente el funcionamiento de las ONG que trabajan con nuestras comunidades. Estas son sólo algunas de las disposiciones legales que se están adelantando en todo el mundo. 


“En medio de situaciones tan preocupantes, las protecciones legales explícitas contra la violencia y la discriminación son, más que nunca, primordiales para salvaguardar nuestros derechos humanos y nuestra dignidad, prevenir daños y reparar las violaciones que sufrimos”, dijo Ehrt.


Contra todo pronóstico, se han producido avances positivos incluso durante los últimos 12 meses: la actualización del informe sobre Homofobia de Estado documenta cómo la legislación que protege a las personas lesbianas, gays y bisexuales de la discriminación y la violencia ha seguido expandiéndose.


En julio de 2020, Sudán derogó la pena de muerte para los actos sexuales consensuales entre personas del mismo sexo. Alemania se ha convertido ahora en uno de los 4 Estados miembros de la ONU que prohibieron las mal llamadas 'terapias de conversión' a nivel nacional, y más jurisdicciones en Australia, Canadá, México y Estados Unidos siguieron su ejemplo.  


El matrimonio igualitario es ahora una realidad en 28 Estados miembros de la ONU: Costa Rica fue el último en unirse a la lista, convirtiéndose en el primer país de Centroamérica en hacerlo. Al día de hoy 34 Estados miembros de la ONU prevén cierto reconocimiento legal para parejas del mismo sexo, ya que Mónaco y Montenegro votaron para reconocerlos legalmente durante los últimos 12 meses. 


A diciembre de 2020, 81 Estados miembros de la ONU tienen leyes que protegen contra la discriminación en el trabajo por motivos de orientación sexual: hace veinte años, solo tenían 15.


Como nueva característica, el informe sobre Homofobia de Estado ahora también está rastreando los desarrollos en territorios no independientes de todo el mundo. “Miles de miembres valioses de nuestras comunidades viven en estas jurisdicciones, pero su activismo no siempre es visible a nivel internacional”, explicó Mendos. "Es vital que también arrojemos luz sobre su progreso legal o retrocesos: como familia global, estamos comprometides con nuestres miembres independientemente del estatus oficial de su territorio". 


A pesar de que las fuerzas contra los derechos aparentemente están ganando terreno en todo el mundo, esta nueva actualización de Homofobia de Estado muestra cómo nuestra comunidad a nivel global ha logrado avances colectivamente en cada una de las categorías legales que se rastrean aquí. “Esta publicación es una fuente vital de información para defensores de derechos humanos, Estados, investigadores, medios de comunicación y el público en general sobre cómo las leyes afectan a las personas por su orientación sexual”, concluyó Ehrt. “Pero cada sección de este informe también contiene la esperanza de un mañana mejor, un futuro en el que nuestras comunidades ya no tendrán que luchar para reclamar derechos que nunca deberían habernos sido arrebatados en primer lugar”.








Cifras clave (a diciembre de 2020) 

Hay 124 Estados miembros de la ONU (64% de los Estados miembros de la ONU) donde los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo son legales. 


 


Criminalización de los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo

69 Estados miembros de la ONU todavía criminalizan los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo (67 por disposiciones explícitas de la ley, 2 de facto). Además, estos actos están tipificados como delito en un territorio no independiente (Islas Cook, Nueva Zelanda) y en determinadas jurisdicciones dentro de dos Estados miembros de la ONU (Gaza en Palestina y determinadas provincias en Indonesia).


En 6 Estados miembros de la ONU, la pena de muerte es el castigo legalmente prescrito para los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo: Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria (solo 12 estados del norte), Arabia Saudita y Yemen


En otros 5 Estados miembros de la ONU [Afganistán, Pakistán, Qatar, Somalia (incluida Somalilandia) y los Emiratos Árabes Unidos], ciertas fuentes indican que la pena de muerte podría imponerse potencialmente por actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo, pero hay menos certeza jurídica sobre la situación.


 


Restricción de derechos 

Al menos 42 Estados miembros de la ONU tienen barreras legales a la libertad de expresión en cuestiones de orientación sexual e identidad de género 


Al menos 51 Estados miembros de la ONU tienen barreras legales para la formación, establecimiento o registro de ONG que trabajan en temas relacionados con la diversidad sexual y de género. 


 


Protección contra la discriminación

11 Estados miembros de la ONU contienen disposiciones constitucionales que especifican la orientación sexual en sus protecciones contra la discriminación 


57 Estados miembros de la ONU ofrecen amplias protecciones contra la discriminación basada en la orientación sexual, incluida la educación, la salud, la provisión de bienes y servicios y / o la vivienda


81 Estados miembros de la ONU tienen leyes que protegen contra la discriminación en el lugar de trabajo por motivos de orientación sexual


48 Estados miembros de la ONU imponen sanciones penales reforzadas por delitos motivados por el odio hacia la orientación sexual de la víctima 


45 Estados miembros de la ONU tienen leyes que castigan los actos de incitación al odio, la discriminación o la violencia por motivos de orientación sexual


4 Estados miembros de la ONU (Brasil, Ecuador, Alemania, Malta) tienen prohibiciones contra las mal llamadas “terapias de conversión”. Hay prohibiciones subnacionales en otros 5 Estados miembros de la ONU: Australia, Canadá, México, España, Estados Unidos.

 


Reconocimiento de las familias arcoíris

28 Estados miembros de la ONU reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo. Una jurisdicción que no es miembro de la ONU (Taiwán) también ha legalizado el matrimonio igualitario


34 Estados miembros de la ONU ofrecen unión civil para las parejas del mismo sexo


28 Estados tienen leyes de adopción conjunta, mientras que 32 estados permiten la adopción por une segunde xadre del mismo sexo


https://ilga.org/ 





Con 44 años Nicholas Yatromanolakis es el Primer Ministro Abiertamente Gay de GRECIA

Nicholas Yatromanolakis hace historia en Grecia al convertirse en su primer ministro abiertamente gay

Grecia vive un momento histórico. Porque, por primera vez, cuenta con un ministro abiertamente gay en su Gobierno. En plena pandemia, el primer ministro heleno, Kyriakos Mitsotakis, ha decidido llevar a cabo cambios en su gabinete, y de esta manera Nicholas Yatromanolakis, de 44 años, se convierte en el primer hombre gay en formar parte del mismo.

Nicholas Yatromanolakis ya hizo historia en 2019 al ser nombrado Secretario General de Cultura Contemporánea, porque nunca antes un hombre gay había ocupado un puesto de tanta responsabilidad en el gobierno griego. Ahora ha sido nombrado ministro de Cultura, y su nombre está dando la vuelta al mundo, dado que nunca antes un hombre homosexual había ostentando dicho cargo.

Yatromanolakis lleva mucho tiempo defendiendo en las campañas políticas los derechos de la comunidad LGBTI, y siempre ha mostrado un gran interés por defender distintas causas sociales y luchar por los derechos de los más desprotegidos en su país. Incluso llegó a fundar su propia ONG, Refergon, para ayudar a los refugiados con los trámites necesarios para introducirse en el mercado laboral de Grecia.




Su designación ha sido muy celebrada por la comunidad LGTBI griega, porque sin duda luchará de un modo aún más vehemente por la defensa de sus derechos y la visibilidad de quienes la integran. Lo que no sabemos es si seguirá posteando en Instagram como solía fotos de sus mascotas el perro Vrasidas y el gato Patrick.

Desde luego, el nombramiento de Nicholas Yatromanolakis es un hecho a celebrar, por lo importante que supone en la historia de Grecia. Por segunda vez en su trayectoria política hace historia, y desde ahora, el gobierno heleno cuenta por primera vez con un ministro que se reconoce abiertamente gay. Un paso adelante para la visibilidad del colectivo en dicho país, por fin representado en su gobierno.

 






Enero, 2021
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