CINE "En el camino": un amor que desafía la masculinidad en la carretera
Por OrgulloLGBT.co | Crítica de cine y entretenimiento
Hay películas que entretienen, otras que conmueven y algunas que, sencillamente, incomodan porque ponen frente al espectador realidades que preferiríamos mantener lejos de nuestra mirada. “En el camino”, del director mexicano David Pablos, pertenece a esta última categoría. Es una película dura, contemporánea y profundamente humana, que se atreve a explorar el deseo, la masculinidad, la violencia y la necesidad de encontrar afecto en un mundo donde expresar las emociones puede convertirse en una forma de vulnerabilidad.
La película sigue a Veneno, un joven que frecuenta restaurantes perdidos de carretera y sobrevive a través de encuentros sexuales con traileros. Allí conoce a Muñeco, un conductor solitario, marcado por el alcohol, las drogas y una vida de carretera. Lo que comienza como una relación circunstancial se transforma progresivamente en una intimidad inesperada. Entre viajes, negocios ilícitos, peligro y deseo, ambos encuentran algo que parecía improbable: un refugio en el otro.
La historia, sin embargo, no pretende construir un romance convencional. Y ahí está precisamente uno de sus mayores aciertos. “En el camino” no intenta acomodar a sus personajes dentro de categorías cómodas sobre la sexualidad. Hay deseo, homoerotismo, confusión, códigos de masculinidad y una relación que se construye más desde la necesidad de compañía y pertenencia que desde las etiquetas.
Una película sobre hombres que no saben cómo decir lo que sienten
David Pablos construye un universo dominado por la heteronormatividad y la hipermasculinidad: carreteras, camiones, bares, alcohol, drogas, violencia y hombres que han aprendido que mostrar sensibilidad puede ser interpretado como debilidad.
En ese contexto, Veneno y Muñeco aparecen como dos personajes rotos que, contra todas las probabilidades, encuentran en el otro una posibilidad de supervivencia emocional.
La película habla de masculinidad contemporánea, pero no desde un discurso académico o explicativo. Lo hace desde los cuerpos, los silencios, las miradas y las decisiones de sus protagonistas. Los personajes no siempre saben nombrar lo que sienten, pero el espectador puede verlo.
La declaración de intención de Pablos resulta especialmente significativa: el director plantea que sus protagonistas están condicionados por el machismo respecto de cómo deben comportarse tanto social como íntimamente. La carretera se convierte así en mucho más que un escenario: es el territorio donde esas reglas de masculinidad se ponen a prueba.
Una fotografía que convierte la carretera en personaje
Uno de los grandes valores cinematográficos de “En el camino” es su fotografía, a cargo de Ximena Amann. El desierto y las carreteras del norte de México no funcionan únicamente como paisaje: son parte fundamental de la narración. La cámara consigue encontrar belleza en espacios ásperos, deteriorados y hostiles. La carretera, los restaurantes, los camiones y los lugares de paso adquieren una dimensión casi hipnótica.
Hay una interesante tensión entre los planos cerrados, que permiten sentir la intimidad y vulnerabilidad de los personajes, y los planos abiertos, que los enfrentan con la inmensidad del paisaje. Es como si la película constantemente nos recordara que estos hombres pueden estar juntos y, al mismo tiempo, profundamente solos. La fotografía consigue algo difícil: hacer sensual la precariedad y poético un universo marcado por la violencia.
El tiempo como herramienta narrativa
Otro aspecto que merece destacarse es el manejo de los tiempos. Pablos no tiene prisa por explicar quiénes son sus personajes ni por convertir inmediatamente su encuentro en una historia de amor.
La relación se va construyendo paulatinamente, permitiendo que el espectador observe cómo cambia la dinámica entre Veneno y Muñeco.
Ese ritmo funciona porque la película necesita que creamos en esa intimidad. No estamos ante un romance construido a partir de grandes declaraciones, sino de pequeños desplazamientos emocionales: compartir un espacio, viajar juntos, mirarse, protegerse, necesitarse.
Y cuando el pasado de Veneno vuelve a aparecer, la película cambia de temperatura. Lo que parecía una historia de dos hombres intentando escapar se convierte también en una historia sobre las consecuencias de aquello de lo que intentamos huir.
Amor, deseo y libertad sin etiquetas
Desde una mirada LGBT, uno de los elementos más interesantes de “En el camino” es precisamente que no convierte la orientación sexual en la única explicación de sus protagonistas.
La película habla de hombres que desean, que se relacionan, que se confunden y que buscan afecto en medio de un ambiente donde la homosexualidad puede existir, pero muchas veces debe permanecer en silencio.
Aquí aparecen temas como la identidad, la diversidad, la libertad y la confusión entre deseo y afecto. También aparece una pregunta mucho más incómoda:
¿Qué ocurre cuando una persona ha aprendido a sobrevivir, pero nunca ha aprendido realmente a ser querida?
La respuesta de Pablos no es sencilla. Y afortunadamente tampoco pretende serlo. Dos hombres buscando pertenecer
Veneno y Muñeco son, en esencia, personajes que buscan pertenecer.
Uno parece moverse permanentemente de un lugar a otro, utilizando su cuerpo y su capacidad de adaptación como mecanismos de supervivencia. El otro está atrapado en una vida marcada por la soledad, las adicciones y una masculinidad que le impide expresar abiertamente sus emociones.
El improbable romance entre ambos adquiere entonces otra dimensión: no solamente se enamoran; se reconocen. Y ese reconocimiento es quizás la parte más poderosa de la película.
En un mundo donde la violencia parece ser la principal forma de relacionarse, el afecto aparece como una posibilidad de resistencia.
Víctor Miguel Prieto: de acompañante a protagonista
Hay una historia detrás de Veneno que merece capítulo propio.
Víctor Miguel Prieto, quien interpreta al protagonista, tenía 23 años y era técnico electromecánico cuando terminó llegando al mundo de la actuación casi por accidente.
Según cuenta el propio actor, acompañó a su pareja a un casting en Ciudad Juárez. Él no iba a audicionar. Iba simplemente como acompañante. Sin embargo, terminó participando en el proceso, superó diferentes etapas y callbacks y finalmente fue elegido para interpretar a Veneno. Lo más llamativo es que Prieto descubrió durante ese proceso una capacidad artística que él mismo desconocía.
Así, quien llegó al casting sin intención de convertirse en actor terminó protagonizando una de las películas mexicanas LGBT más importantes de los últimos años.
Su trabajo es particularmente interesante porque Veneno necesita una interpretación que pueda transitar entre la vulnerabilidad, el erotismo, la dureza, la supervivencia y la necesidad de afecto. Prieto consigue construir un personaje que puede resultar incómodo, impredecible y, al mismo tiempo, profundamente humano.
Su debut tampoco pasó inadvertido en el circuito cinematográfico: la película obtuvo reconocimientos importantes y Prieto fue distinguido como Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
David Pablos y la necesidad de seguir contando historias LGBT
David Pablos, conocido por películas como “Las elegidas” y “El baile de los 41”, vuelve a colocar la diversidad sexual en el centro de una historia que no busca suavizar la realidad. Con “En el camino”, el director parece asumir un riesgo importante: contar una historia queer sin convertirla en una película complaciente.
La película ha sido descrita por el propio Pablos como una historia que quería abordar de manera frontal la sexualidad masculina y el mundo de los traileros. Esa decisión explica parte de la fuerza de la cinta: no hay intención de esconder el deseo ni de convertirlo en un elemento decorativo. Y ese riesgo tuvo una recompensa internacional considerable. “En el camino” ganó el premio principal de la sección Orizzonti del Festival de Cine de Venecia y el Queer Lion, consolidándose como una de las películas queer latinoamericanas más destacadas de su recorrido internacional.
Una película que llega a Colombia en un momento oportuno
El interés alrededor de la película aumenta además con su presencia en los Premios Ariel 2026, donde obtuvo 13 nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, convirtiéndose en la producción con mayor número de postulaciones de esta edición. La ceremonia está prevista para el 3 de octubre de 2026. Su llegada a Colombia representa, por tanto, una oportunidad para que el público pueda encontrarse con una película que no presenta la diversidad sexual desde lugares predecibles.
“En el camino” habla de amor, pero también habla de violencia. Habla de libertad, pero también de supervivencia. Habla de deseo, pero también de soledad. Habla de masculinidad, pero sobre todo de lo difícil que puede ser para algunos hombres permitirse sentir. Y quizá allí esté su mayor fuerza.
EN CARTELERA en las siguientes salas de cine:
BOGOTÁ:
Procinal - Salitre
Procinal - Bulevar
Cinemateca Bogotá
MEDELLÍN:
Museo de Arte Moderno de Medellín
Cineprox - Americas
TUNJA:
Cinemateca de Tunja
BARRANQUILLA:
Cinemateca del Caribe
NUESTRA IMPRESIÓN...
“En el camino” es una película dura, incómoda y necesaria. No es una historia de amor tradicional ni pretende serlo. Es una road movie queer atravesada por drogas, violencia, deseo, masculinidad y supervivencia, pero que consigue encontrar, en medio de tanta oscuridad, momentos genuinos de ternura.
Su gran fotografía, el manejo inteligente de los tiempos narrativos y la construcción progresiva de sus personajes hacen que la película trascienda el impacto de sus escenas más explícitas.
Lo verdaderamente poderoso está en lo que ocurre debajo de ellas: dos hombres que, en un mundo que les enseñó a sobrevivir mediante la dureza, encuentran en el otro la posibilidad de bajar la guardia.
Porque al final, “En el camino” no solamente pregunta qué significa ser hombre en un mundo dominado por la hipermasculinidad. También pregunta qué pasa cuando dos hombres descubren que quizá el amor puede ser una forma de escapar de aquello que los rompió.
Desde OrgulloLGBT.co recomendamos esta película a quienes buscan un cine LGBT latinoamericano adulto, arriesgado, visualmente poderoso y alejado de los lugares comunes.
“En el camino” llega para recordarnos que, incluso en las rutas más oscuras, siempre existe la posibilidad de encontrar a alguien con quien compartir el viaje.

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