martes, 7 de junio de 2022

Que el orgullo también sea por esa capacidad ilimitada de lograr lo que te propones siendo quien tu eres!

 El camino correcto 






Por Camilo González*

Mis padres siempre me han hablado con emoción y respeto de su infancia. El amor nunca faltó en sus hogares, sin embargo, en cada una de esas conversaciones ha sido para mí más evidente el cambio generacional que ha experimentado nuestra sociedad, y que muy seguramente seguirá ocurriendo con el pasar de los años.

Mientras ellos crecieron en una sociedad machista, de recursos limitados, castigos físicos y diversas dificultades, yo tuve la oportunidad de crecer como muchos de nosotros en un entorno más igualitario, en donde el amor iba acompañado de un impulso para ser lo que queramos ser. No me era extraño escuchar frases como “¿Quieres ser artista, médico, militar o ingeniero?, claro que puedes serlo”.

Soy plenamente consciente de que nuestras realidades pueden ser diferentes, tal vez muchas personas no crecieron con sus dos padres o con ninguno de ellos, o tal vez en la familia se generaron diversos conflictos que han dejado una secuela en cada uno de nosotros. Sin embargo, sea cual sea la composición del núcleo familiar, la generalidad que he podido evidenciar en estos tiempos es la importancia de la transmisión de amor y empoderamiento. Tal vez muchas personas han dicho “no quiero que mis hijos vivan lo que yo viví”, más de lo que se puedan imaginar.

Esto tal vez ha sido coincidente con una mayor apertura de la sociedad a visibilizar y respetar a los integrantes de la comunidad LGBT. No es extraña la connotación “maligna” asignada a la homosexualidad por generaciones anteriores, en una sociedad fuertemente marcada entre otros factores por arraigadas creencias religiosas. En nuestros días este “cambio generacional” ha sido paralelo a las diferentes luchas y sacrificios de la comunidad LGBT por sus derechos, las cuales han ganado un terreno importante sin desconocer que aún hace falta un largo camino por recorrer.

A pesar de todo lo anterior aún es muy difícil para algunas personas con una orientación sexual diversa, aceptarse tal y como son y aceptarlo en su entorno. Frente a esto he podido entender que cada persona se “libera” en una etapa perfecta de su vida, todo se alinea para que cada uno pueda ser y vivir su realidad sin tabúes y sin ataduras en el momento perfecto. A lo que hago referencia con “liberarse”, es principalmente a aceptarse a sí mismo, considerando que “salir o no del clóset” es una decisión posterior. Cada cual actúa de acuerdo a su sentir, la vida se encarga de guiarnos en nuestro caminar con cada una de las lecciones que nos da. 

Esta ha sido mi experiencia, y precisamente considero haber pasado por el momento de aceptación de mi sexualidad y mi estilo de vida. Claro, pasé momentos turbios de baja autoestima, me sentí solo, me abrumaron la depresión y la ansiedad en muchos aspectos. Hoy siento que la tormenta ha pasado, me acepto como soy, le doy gracias a la vida por ello y siento que esta aceptación de mi realidad sólo me ha traído cosas buenas, consecuencia de un mayor amor a mi mismo. Sin embargo, solo hay algo que me entristece un poco cuando miro atrás y es haberle cortado las alas a mis pasiones, a mis sueños.

Hay personas que tienen en cuenta muchos criterios para la selección de su profesión; sus habilidades, sus gustos, la posibilidad de que eso que hagan les permita subsistir y no pasar necesidades el resto de su vida, entre muchas otras cosas. Yo hice un ejercicio parecido, seleccioné algo para lo que soy bueno y que posiblemente iba a “darme de comer”; pero no consideré dos de los factores más importantes, y es que no escogí algo que me apasionara y que me hiciera muy feliz. No es que no me guste lo que hago, he aprendido a tomarle cariño y me he dado más de un gusto gracias a eso. Pero dejé atrás la posibilidad de elegir el camino que quise para mi vida desde muy pequeño y el único motivo que tuve para ello fue evitar que los demás me juzgaran por mi condición sexual.

Si bien la sociedad ha tenido un mayor grado de apertura frente a las orientaciones sexuales diversas, aún existe cierta estigmatización por determinadas profesiones. Para mis últimos dos años del bachillerato, era indispensable escoger una opción de profundización para obtener un título como técnico junto con el título de bachiller. Una opción era profundizar en robótica, otra en informática y una tercera era el procesamiento de alimentos y las ciencias naturales. En las dos primeras opciones la relación era un 90% hombres y un 10% mujeres, mientras que en la última existían 90% mujeres y 10% hombres.

No, la verdad no se trataba de que a los hombres no les guste aprender de ciencias naturales. Se trataba de que al hombre que escogiera esa opción, le iban a hacer matoneo por considerarlo homosexual. Los pocos hombres que estaban en ese curso era o porque no habían conseguido cupo para alguna de las otras dos opciones, o porque ya eran abiertamente homosexuales y poco o nada les importara lo que dijeran de ellos (generalmente era 1 por año). Sé que más de un hombre consideró que el procesamiento de alimentos podría darles beneficios para su vida laboral una vez terminaran el bachillerato, pero por el solo hecho de ser considerados homosexuales no tomaron esa opción.

Llegué a la universidad. Estudiando en la facultad de ciencias económicas no iba a sentirme estigmatizado. Durante mi infancia y adolescencia mi mamá me llevaba a diferentes talleres de danza, teatro, y música en donde siempre me fue muy bien, era algo que amaba y para lo que era muy bueno. Por eso tan pronto vi que en la facultad donde estudiaba ofrecían estos espacios, sin dudarlo me inscribí.

No duré mucho. Las primeras clases me di cuenta que la mayoría de asistentes eran mujeres y uno que otro hombre. Me distancié de esos grupos tan pronto sentí que mis nuevos compañeros de carrera podrían juzgarme por asistir a ellos. Nunca más me di a mi mismo la oportunidad de aprovechar este tipo de espacios y les cerré la puerta; mis posgrados los enfoqué en el ámbito empresarial, enterrando cada vez más profundo y sin darme cuenta mi dimensión artística y creativa, esa que me fascinaba desde que era un niño.

Retomo desde la parte en que decía que me encuentro mirando al pasado y el camino que elegí, profesionalmente hablando. Aún no entiendo por qué creía que la sexualidad está asociada a una profesión u oficio, ¡simplemente no hay argumento para ello!. Lo mío era ser un artista integral, es lo que me llenaba y algo que mis padres siempre apoyaron. Por mi miedo a los demás y por mi falta de carácter escogí otra cosa para mi vida en la que soy bueno pero en la que he descubierto que no soy del todo feliz.¡Cómo me gustaría haber tenido este coraje en ese momento!. No hay por qué “sexualizar” una profesión, se se es más hombre por estudiar ingeniería en vez de cocina o trabajo social; y no se es más mujer por estudiar diseño de modas en vez de ingeniería mecánica. 

Esto me ha dejado una gran lección, y es que sin importar cuál sea la orientación sexual, soñar es gratis, nos hace más humanos, y seguir nuestros sueños hasta alcanzarlos nos hará felices. Ningún prejuicio, creencia mal infundada o ningún tercero debe alejarnos de ellos, y cualquier juzgamiento o comentario malintencionado solo es otro de los obstáculos que se deben superar para lograr cada vez un mayor nivel de madurez y por ende una vida plena. Tuve que pasar por un largo proceso en mi vida para aceptar mi sexualidad, posteriormente analizar los pasos que he dado, mis decisiones, para darme cuenta de todo esto. 

Sí, me costó aceptarme como soy aunque mis padres siempre me han apoyado y me han impulsado a alcanzar mis metas y objetivos (a ellos no les he contado sobre mi orientación sexual aún, no siento que sea el momento, y había un prerrequisito que era aceptarme a mí mismo con la sexualidad que la vida me dio. En todo caso, creo que ya lo saben); me costó aceptarme a pesar de que el cambio generacional ha hecho que la sociedad cada vez acepte más las orientaciones sexuales diversas, a pesar de que nuestro entorno parece cada vez más justo e igualitario para todos. Mi sexualidad y el miedo a ser juzgado a causa de ella, no volverán a ser factores a considerar cuando vaya a tomar decisiones que marquen una pauta en mi vida.

En los últimos meses tuve la dicha de ingresar a un grupo de teatro y danza que AMO con todas mis fuerzas. Ha sido duro empezar de nuevo, siento que por las decisiones que he tomado me he vuelto más analítico pero quiero recuperar ese equilibrio con mi componente artístico, lo cual es más que necesario. Estoy finalizando una maestría y una vez termine de pagar (empecé mi formación profesional sin nada en el bolsillo, he tenido que trabajar para cubrir esos gastos), enfocaré todos mis esfuerzos en formarme profesionalmente para ser el artista que siempre soñé. Nunca es tarde para luchar por nuestros sueños.

¡Que los mitos, tabúes y mentiras no te alejen del sendero que sueñas para tu vida! Eres humano, te equivocas, te levantas, aprendes, sientes. No dudes de tu capacidades, ¡que el orgullo también sea por esa capacidad ilimitada de lograr lo que te propones siendo quien tu eres!


Por Camilo González





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