miércoles, 7 de septiembre de 2016

Jueces que discriminan - EDITORIAL EL ESPECTADOR

Jueces que discriminan
¿Qué tiene que ver la orientación sexual de las personas en la determinación de su capacidad de criar a sus hijos de manera adecuada?



EDITORIAL EL ESPECTADOR

Erradicar la discriminación de todos los espacios sociales es un proceso lento y lleno de obstáculos. Los jueces de la República, por ejemplo, que son los llamados a proteger los derechos de las minorías contra la presión de los moralismos mayoritarios, y que son quienes han estado a la vanguardia en el avance de las protecciones a las personas LGBTI, también se han prestado —algunos, por supuesto— como agentes perpetuadores de la opresión y los prejuicios. Una sentencia de la Corte Constitucional de esta semana llama la atención al respecto.

El caso es el siguiente: la demandante estaba adelantando un proceso de custodia sobre su hijo. El despacho judicial encargado de su caso, al enterarse que ella había iniciado una relación sentimental con una persona del mismo sexo, le dijo que ese hecho era suficiente para afectar su proceso y que por eso era mejor que conciliara con su exesposo, incluso si las demandas que éste le hacía iban en contra de lo que ella deseaba. Finalmente, y bajo esta presión, la demandante aceptó conciliar.

Según la Corte Constitucional, en providencia con ponencia del magistrado Alberto Rojas Ríos, el juzgado falló en la protección de los derechos constitucionales de la demandante al atacarla con amenazas relacionadas con su vida íntima, y luego aceptando un pacto de conciliación que había sido influenciado de manera directa por esa presión que buscaba restringir su autonomía y la discriminaba por su orientación sexual.

En otras palabras, como lo ha probado de manera suficiente la ciencia y ha sido incorporado al ordenamiento jurídico colombiano por la Corte Constitucional, la orientación sexual de los padres no es una consideración válida al momento de evaluar el bienestar de los hijos, en este caso en la asignación de la custodia.

No deja de ser preocupante que un juzgado se sienta en la potestad de decirle a una persona con quién puede o no desarrollar relaciones afectivas y que condicione el cuidado de un menor de edad, y el lazo de éste con su madre, a consideraciones que en nada influyen en la crianza. En este caso, el exesposo y el juzgado se unieron para coartar los derechos fundamentales de la demandante.

Esta actitud no es nueva. De hecho, el caso más sonado del sistema de justicia interamericano fue exactamente igual. Karen Atala, jueza chilena, perdió la custodia de sus tres hijas por haber iniciado una relación con otra mujer. En aquel entonces, incluso el más alto tribunal de Chile permitió que la orientación sexual fuera el motivo determinante para tan invasiva medida, y fue la Corte Interamericana de Derechos Humanos la que revirtió la injusticia, después de años de sufrimiento y de lejanía de la madre y sus hijas.

La pregunta en todos estos casos es la misma: ¿qué tiene que ver la orientación sexual de las personas en la determinación de su capacidad de criar a sus hijos de manera adecuada? Lo dijimos en el debate por la adopción homoparental: no hay motivos de peso para que ese criterio sea considerado y, por ende, hacerlo es discriminatorio contra las personas LGBTI.

En la sentencia en cuestión, la Corte Constitucional reiteró que el Estado debe adoptar medidas para erradicar la discriminación de parejas homosexuales. Seguimos en mora con la igualdad, y el camino apenas comienza.



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