martes, 22 de octubre de 2013

Gachetá, el pueblo en el que está vivo el matrimonio gay


Boda de Claudia y Elizabeth se ha convertido para la comunidad LGBTI en un símbolo de resistencia.
Gachetá matrimonio gay

Vestidas de blanco y acompañadas de sus familiares, el 25 de septiembre Elizabeth Castillo y Claudia Zea se casaron en Gachetá, un pueblo de Cundinamarca ubicado a cuatro horas de Bogotá.

Esa boda, que generó las protestas del pueblo y luego sobrevivió a una tutela, es el único matrimonio entre parejas del mismo sexo que, hasta la fecha, se conoce que sigue vigente. En el último mes, dos tutelas de la Procuraduría tumbaron los matrimonios de dos hombres y el de dos mujeres, que se realizaron en Bogotá.

La boda de Claudia y Elizabeth se ha convertido para la comunidad LGBTI en un símbolo de resistencia. Elizabeth es abogada y una de las activistas de los derechos de los gays más reconocidas en el país; Claudia es psicóloga y trabaja en Bogotá.

Hace menos de una mes esta pareja, que lleva más de cuatro años junta, se trasladó desde Bogotá, donde viven, a Gachetá, para celebrar la ceremonia en ese pueblo, de donde es originaria la familia paterna de Elizabeth. Apenas una semana antes el juez promiscuo municipal de ese municipio, Julio González, les había notificado que su solicitud de “matrimonio igualitario” había sido aceptada.

A diferencia de un juez en Bogotá que recibió el 20 de junio su primera solicitud de matrimonio civil y que luego la negó, el juez de Gachetá las unió recalcando que “no estaba haciendo un favor” y que al casarlas, su función consistía en “interpretar una norma que tenía vacíos”, refiriéndose a la sentencia del 2011 de la Corte que le dio un plazo al Congreso para legislar sobre el tema y le ordenó a jueces y notarios formalizar la unión de las parejas del mismo sexo.

Días después de la boda llegaron los problemas. No llevaban ni ocho días de casadas cuando la Fundación Marido y Mujer interpuso una tutela. Según esta fundación, para la que solo se podía “solemnizar un vínculo contractual”, el juez que las casó violó el debido proceso.

Luego vinieron las protestas. Con pitos y pancartas, el nueve de octubre unos 100 gacheteños se tomaron la plaza principal del pueblo. “Estamos pidiendo que se nos respete la tranquilidad, que aquí no se hagan los matrimonios igualitarios”, decían los manifestantes.

Pese a todos los contratiempos, la buena noticia les llegó hace cinco días, cuando la jueza de familia municipal de Gachetá negó la tutela de la fundación y dejó vigente su matrimonio. “Lo que dice la jueza es que la tutela es improcedente porque este mecanismo sirve para proteger derechos y no para vulnerarlos. La jueza encontró que con nuestro matrimonio no se le afectó ningún derecho a la Fundación Marido y Mujer y que no hay lugar al reclamo”, dijo Elizabeth.

Por ahora, estas mujeres esperan que el final feliz también llegue para otras parejas gays. “Encontramos a dos jueces en Gachetá que fueron garantistas. Seremos más felices cuando todas las parejas del mismo sexo puedan vivir lo que nosotras tenemos; casarse, sin diferencias”.

Tomado de justicia@eltiempo.com

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1 comentarios :

Debe existir respeto por las distintas opciones personales de vida, en tanto impliquen un desarrollo armónico y productivo de los individuos.
Se ama el alma, no el "sexo correcto"

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