lunes, 1 de mayo de 2017

No son compañeras de piso. Ni amigas. Son lesbianas y ninguna "hace" de hombre.

No son compañeras de piso.

Ni amigas.

Se corren juntas.

Son lesbianas y ninguna "hace" de hombre.

No necesitan nada que tenga forma fálica para sentirse completas aunque pueden introducirse en sus cuerpos lo que les dé la gana para alcanzar el orgasmo porque para eso son sus cuerpos.

No hay una lesbianizadora, nadie convierte a nadie.

Hay una primera vez en la que te excitas o te enamoras de alguien y resulta que esa persona es una mujer.

Y, de pronto, todo el mundo tiene algo que opinar.

Tus padres, como si tú les pertenecierais.

Como si tus brazos e ideas no fueran un trozo de cosmos independiente.

La gente de tu entorno, como si no pudieras exigir intimidad emocional.

Como si no fuera tuya tu lengua y dónde decides meterla.

Gente a la que nunca has visto, como si te conocieran de algo.

Como si no tuvieras derecho a una jodida relación.

¿Por qué todo el mundo se empeña en hacernos la vida más complicada?

Si ya hay cáncer y accidentes de coche.

Si ya morimos.

¿Por qué matarnos en vida?

Parece mentira que sigamos juzgando el amor.

Que sigamos escandalizándonos de los besos y no del odio.

Que nos parezca más normal insultar, expulsar o agredir, que simplemente querer.

No me interesa quién está en tu cama ni de quién te enamoras.

Me interesas tú.

Qué te pasa por la cabeza cuando estás con ella.

Si consigue hacerte un poquito mejor.

Qué te dice al oído cuando llega a casa.

Si te hace reír.

Las mujeres han sido educadas en el miedo.

Miedo a no ser femeninas, miedo a que te agredan sexualmente, miedo a quedarse embarazadas, miedo a quedarse solteras, miedo a no ser capaces de ser madres, miedo a que te gusten las mujeres.

Tu madre que quería nietos y verte vestida de novia. ¿Y ahora?

Tu ginecóloga que te pregunta si no tienes relaciones sexuales.

Tus compañeros de trabajo que te hacen bromas.

Cuesta tanto hacerse visible.

Exponerse para que todo el mundo pueda meterse entre tú y ella (o ellas) a hacer daño.

Si es lo único bonito que tienes. Lo único real.

Si eres más tú que nunca con ella, joder.

Por eso hay que mostrarse, aunque duela.

Porque lo que hacemos es hermoso.

Y no nos avergonzamos de lo hermoso.

Porque lo que construimos es único.

Y no nos lo puede arrebatar nadie.

Las mujeres tienen derecho a que otras mujeres las consuelen, las cuiden, las saquen de quicio, se las follen, sean las madres de sus hijas e hijos, se casen con ellas, sean sus viudas o las inviten a bailar.

Esta es nuestra vida. La única que tenemos.

Defendamos nuestra libertad de vivirla tal y como la sentimos.




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