lunes, 20 de junio de 2016

En Colombia también violentan a los homosexuales

Dos destacados gais del país, la exministra Cecilia Álvarez Correa y el abogado activista Mauricio Albarracín, analizan las consecuencias para la comunidad LGBTI en el mundo de la masacre en un bar para homosexuales en Orlando, Florida. Ellos, que han llegado a posiciones de poder y prestigio, reconocen la discriminación que han sufrido, pero también hablan de los beneficios de ser leales a sus emociones.

“No estoy dispuesta a vivir una mentira para callar a otros”: Cecilia Álvarez Correa, exministra de Comercio, Industria y Turismo

ENTREVISTA Por: Cecilia Orozco Tascón

Después de la masacre de Orlando, varias comunidades LGBTI en el mundo realizaron protestas públicas. A usted la encontramos en una de ellas, en el parque de Lourdes de Bogotá. ¿Por qué decidió acompañar a manifestantes anónimos, siendo usted figura reconocida?

Porque creo que uno tiene que enfrentar las cosas. Esta era una oportunidad para que yo pudiera expresarles a los muchachos que estaban en el parque de Lourdes que no tuvieran miedo, que manifestaran lo que sienten, que fueran lo que son y que digan a quiénes aman, porque el miedo no puede dominar a ninguna sociedad. El mensaje para el país es que tiene que ser pluralista, una conducta que va mucho más allá de la tolerancia, pues implica igualdad de oportunidades, independientemente de quienes sean homosexuales o heterosexuales.

¿Por qué fue sin su pareja?
Porque Gina es ministra, tiene una agenda apretada y debe viajar por todo el país. Pero sé que me estaba acompañando de corazón.

Si usted hubiera sido ministra de Transporte o de Comercio en ejercicio, ¿habría ido a la manifestación?
Si los compromisos de trabajo me lo hubieran permitido, y hubiera podido cancelar algunas citas programadas, habría asistido. Gina lo intentó, pero desafortunadamente no pudo.

¿Se va a dedicar al activismo por los derechos de la comunidad LGBTI a partir de ahora?
No, no se trata de eso. Creo que puedo ayudar más promoviendo la acción de las comunidades gais para que tomen la decisión de avanzar y de exigir el cumplimiento pleno de los derechos que las sentencias de la Corte Constitucional han garantizado desde la época de Carlos Gaviria. Da tristeza que todavía haya altos funcionarios de Estado que se opongan a respetar los fallos y que difundan la idea de que el homosexualismo es un pecado, una enfermedad o un delito. Y lo que es peor, que insistan en recoger firmas con el objeto de formalizar la discriminación. Me parece increíble que adopten esas actitudes personas de la preparación e inteligencia de la senadora Viviane Morales y del procurador Ordóñez, quienes, además de ser altos servidores públicos, son padres de familia.

A propósito: ¿qué le diría a la senadora Morales por su actitud tan negativa y poco generosa siendo ella, como es, madre?
Sólo le diría que piense que sus hijos son fruto del amor, no del odio. Y que su condición de vida y sus creencias no pueden ser superiores a sus responsabilidades de madre.

Y ¿qué opina de la oposición del procurador a reconocer los derechos de gais y mujeres?
Como le decía, no me explico cómo una persona inteligente, que además aspira a ser jefe de Estado, aunque no lo haya dicho en público —pues aún está en el clóset— piense de la manera en que lo hace. Me sorprende su conducta, además, porque su familia cercana está compuesta por mujeres. Ojalá el procurador reflexione y abra su mente para bien de sus hijas y de su país.

Su condición de poder y notoriedad hace que sea difícil que alguien la trate despectivamente. Sin embargo, le pregunto: ¿se ha sentido discriminada por ser mujer y por sus preferencias sexuales?
Al principio de mi vida y de mi carrera sí fui discriminada, pero más adelante tuve la fortuna de contar con jefes, particularmente en Bavaria y en la Presidencia de la República, que tuvieron en cuenta mis capacidades de trabajo, mi disciplina, mi preparación, y no mi orientación sexual. No obstante, he sufrido muchas ofensas, críticas dañinas, anónimos y amenazas. Pero no me desanimo, porque negar lo que soy me haría un daño superior al de los insultos. No estoy dispuesta a vivir una mentira para callar las murmuraciones de algunos.

Permítame hacerle esta pregunta: ¿es cierto que la primera vez que usted estuvo en la Casa de Nariño (gobierno Uribe) sufrió la discriminación de su jefe, el presidente?
No. El presidente Uribe siempre fue respetuoso conmigo. Sin embargo, sé que él se refiere a la condición homosexual como una “avería” del ser humano. Espero que los años y el sufrimiento de las víctimas de Orlando lo hayan hecho cambiar de opinión y que haya un modo de revaluar ese concepto.

Por extraño que suene, hay discriminados entre los discriminados. ¿Es cierto que hay más ataques homofóbicos contra las mujeres que contra los hombres gais?
¿Sabe que no he reflexionado sobre eso? Pero sí lo pienso, creo que para las mujeres es más difícil todo, no sólo si se trata de gais sino porque se nos exige demostrar más capacidad, más conocimientos, más dedicación, más trabajo que los hombres y, además, porque hay que cumplir con los roles adicionales de madres y esposas. Con todo respeto por los hombres, la mujer da mucho más de sí a la sociedad que ellos.

Si es verdad que las mujeres gais padecen mayor discriminación que los hombres homosexuales, también parece que la tradicionalista sociedad colombiana aceptó con gran naturalidad el nombramiento suyo y de su pareja, la ministra de Educación, Gina Parody. Tal vez no habría sucedido lo mismo si en el gabinete estuviera una pareja compuesta por hombres. ¿Cómo explica este fenómeno?
Eso no es del todo cierto. Pero, antes de contestarle, aprovecho la ocasión para agradecerle al presidente Santos por ser un demócrata. La democracia es pluralidad e igualdad de oportunidades. Esa actitud fue la que él tuvo y la que demostró con mi nombramiento y el de Gina. Y le respondo: en este y otros gobiernos ha habido parejas heterosexuales y homosexuales. Otra cosa es que algunos decidan no hablar del asunto en público. Que recuerde, parejas heterosexuales que han trabajado simultáneamente en el Gobierno son: Alicia Arango y José Roberto Arango, quienes ocuparon cargos al tiempo en la Casa de Nariño, durante el gobierno del expresidente Uribe; el ministro de Salud, Alejandro Gaviria y su señora, alta consejera, son excelentes funcionarios del presidente Santos. Mi nombramiento y el de Gina fueron notorios porque, por primera vez, un mandatario reconoció el profesionalismo de dos personas con independencia de sus preferencias sexuales.

¿Cree que el presidente Santos fue osado cuando, siendo usted ministra, le ofreció otro ministerio a su pareja, Gina Parody?
No creo que él pensara que era una osadía. Él es así: abierto, sin complejos, y no les pone atención a las críticas de este orden. Si usted se ha dado cuenta, no les da más importancia a las encuestas de la que merecen y toma las decisiones que cree que le convienen al país, sin pensar en ellas. Con la misma autonomía actuó cuando pensó en las personas que lo iban a rodear en su gobierno. Esas son posiciones esenciales para la paz…

¿Qué espera a las comunidades gais después de la masacre de Orlando: mejores o peores tiempos?
Ayer el presidente Obama se dirigió a Estados Unidos y en 17 minutos resumió la situación con unas palabras hermosas. Dijo que de esa tragedia de odio brotó más amor, más unión y mayor solidaridad. Y señaló que, lastimosamente, mucha gente moría para que otros entraran en razón.

Mensaje de su parte, una mujer de éxito y, repito, de poder público, para quienes sienten que el mundo los va a “aplastar”, como dijo una sobreviviente de la tragedia de Orlando.
Mi mensaje es: sigamos adelante, nunca dejemos de ser lo que somos y jamás neguemos nuestra esencia para darles gusto a aquellos que sólo pueden albergar odio en su corazón.





Cecilia Álvarez Correa y Mauricio Albarracín.


Foto: Gustavo Torrijos - El Espectador



“Cuando me descubrí gay, me sentí muy solo”: Mauricio Albarracín, activista LGBTI e investigador

 Usted dijo, en su más reciente columna, que el mensaje que el asesino de 50 personas en el bar gay de Orlando quiso mandarles a los homosexuales era: “este mundo no es para nosotros”. ¿La homofobia está tan extendida que puede llegar a ser una amenaza masiva contra las comunidades LGBTI?
Esa masacre fue devastadora para la comunidad LGBTI del mundo. El miércoles en la noche, en el parque de Lourdes de Bogotá, un cartel decía: “Porque no importa si fue en EE. UU. o en cualquier parte del mundo, para nosotros eran nuestros hermanos”. En 72 países (el 37 % del mundo) ser homosexual es un delito, y en donde no es un crimen, como en América Latina, la violencia es la realidad para muchas personas LGBTI, como lo muestra el más reciente informe de la CIDH sobre el tema. La violencia por prejuicio contra las personas LGBTI está latente, pero esta masacre es su peor representación.

¿Qué tan frecuente resulta que personas que no aceptan sus inclinaciones sexuales, como podría ser el caso del asesino de Orlando, se violenten al punto de matar?
El asunto de la personalidad y los móviles del atacante seguirán siendo controversiales. Sin embargo, el gesto autoritario y destructor de entrar a una discoteca gay con un rifle de asalto habla de su desprecio por la dignidad y de un machismo tóxico. Este hombre actuó motivado por el odio y fue un acto letal facilitado por el culto a la guerra y por la facilidad de acceder a armas poderosas.

Sus comentarios son de activismo gay y, aunque en un tono racional y reflexivo, tienen un fondo de soledad. ¿Se vive en aislamiento social pese a las manifestaciones heterosexuales de solidaridad?
Cuando era adolescente y me descubrí gay, me sentí solo. Esa soledad no es sólo mía. Muchas personas LGBTI la padecen, especialmente cuando son jóvenes y están en sociedades muy cerradas o conservadoras. Es por eso que hacemos de la amistad un modo de reconstruir una comunidad de afecto. Cuando me sentía solo fue muy importante saber que había otros como yo, y que mucha gente heterosexual también nos apoyaba. Ningún joven debe sentirse aislado por sus decisiones sobre su sexualidad, y por eso tenemos que enviarles mensajes que fortalezcan su autoestima.

Ataques como el de Orlando son visibles por su dimensión, pero ¿ocultan asesinatos individuales producto del odio homofóbico?
Este es un país con una violencia muy extendida contra las personas LGBTI. Tenemos todas las formas de violencia reunidas. Según datos de Colombia Diversa, entre 2006 y 2014 fueron asesinadas 824 personas LGBTI y se cometieron 398 actos de violencia policial. Además existe algo aterrador: una epidemia de panfletos amenazantes contra comunidades discriminadas y marginadas —entre las que se encuentran las personas LGBTI— por parte de grupos que se autodenominan de “limpieza social”. Todas las semanas ocurren hechos violentos contra personas LGBTI y la impunidad es la norma. Cuando la gente puede amenazar impunemente, también puede ejercer violencia física sin temor a las consecuencias.

Al tiempo que gran parte de las sociedades heterosexuales desarrolladas defienden los derechos de las comunidades gais, surgen figuras de extrema derecha, como Donald Trump en Estados Unidos o como Alejandro Ordóñez en Colombia, que suelen ser homofóbicos así como son misóginos o racistas. ¿Cómo interpreta esta contradicción?
La extrema derecha se alimenta del resentimiento y de una beligerancia verbal que atrae muchos seguidores. Por eso la sociedad y los medios no deberían darles tanta tribuna a estos personajes. Cada vez que uno de estos políticos dice algo horrible contra las minorías, su discurso se reproduce y termina validando los prejuicios sociales. Por el contrario, debemos fomentar las voces que afirman la dignidad porque esta lucha requiere de un cambio cultural que se dé desde las salas de las casas hasta la Sala Plena de la Corte Constitucional.

El procurador es miembro de una secta extremista. ¿La conducta y mensajes en los púlpitos de los sacerdotes del catolicismo racional son similares a los de Ordóñez?
Tuve una educación muy católica y, aunque ya no lo soy, me impresiona cómo una ortodoxia tan extrema puede llegar a contradecir el Evangelio. Pero creo que hay muchas señales de esperanza en el interior de la Iglesia. Una, por ejemplo, son los bautizos que han hecho sacerdotes católicos a hijos de parejas del mismo sexo que también son católicas. Esos hijos serán la generación de la reconciliación. Los católicos son mucho más igualitarios de lo que suponemos.

Quienes optan por otras preferencias sexuales diferentes a las de los gais “clásicos” (transgénero, bisexuales, intersexuales), ¿sufren más ataques que los primeros?
Absolutamente. Al ser más visibles físicamente, las personas transexuales sufren las peores formas de violencia, exclusión y pobreza. Por ejemplo, padecen muchos ataques intrafamiliares, deserción escolar, trabajos mal remunerados o viven en situaciones de vulnerabilidad. Las personas bisexuales son negadas tanto por heterosexuales como por gais y lesbianas; por tanto, sus problemas son menos conocidos. Y las intersexuales tienen, incluso, una invisibilidad social más profunda porque constituyen una minoría entre una minoría, lo que dificulta su posicionamiento social.

La ministra Gina Parody y la senadora Claudia López fueron amenazadas en redes sociales después de la masacre de Orlando. ¿Las lesbianas son más perseguidas que los hombres gais?
Creo que sí. Las lesbianas y mujeres bisexuales y trans sufren una doble discriminación en un país profundamente patriarcal. Pero hay algo que me parece admirable y es que las lesbianas han salido con mucha fuerza en Colombia, especialmente aquellas que están en cargos de poder. Existe una gran deuda de los hombres gais poderosos que no salen del clóset y disfrutan de sus privilegios sin molestarse siquiera por ser solidarios con la discriminación de su propia comunidad. Mujeres como Angélica Lozano, Claudia López, Gina Parody y Cecilia Álvarez le han dado una gran lección al país político y son un ejemplo que muchos hombres deberían seguir.

Si bien es cierto que hay gais en altos cargos, también lo es que no ha sido elegido —por voto popular— un miembro de la comunidad LGBTI que haya expuesto sus preferencias sexuales en público. ¿Existe prevención con el tema en el ámbito de la política?
La política —como profesión— es uno de los espacios más homofóbicos en Colombia. Necesitamos más políticos fuera del clóset, pero también más empresarios, más líderes sindicales, líderes comunitarias, más artistas, profesores, militares, trabajadores de todos los sectores. Reconocerse en público es una liberación personal con profundas implicaciones sociales.

¿Cómo analiza el tratamiento mediático e institucional del escándalo de la denominada “Comunidad del Anillo” en la Policía?
Algunos medios se han enfocado acertadamente en la corrupción y el abuso de poder de los altos oficiales. Otros le dieron un tono más amarillista y morboso. Pero mire cómo es la vida: la Policía es una de las instituciones más machistas y maltratadoras de la comunidad LGBTI. Y por cuenta de este escándalo se produjo un daño colateral a las percepciones públicas sobre las personas LGBTI, no teniendo nada que ver en el asunto. A veces se usan estas polémicas sobre la sexualidad para crear cortinas de humo que ocultan problemas más graves, como en este caso, una institución de la Policía totalmente fuera de control.

Después de la masacre de Orlando, ¿se viene una ola de homofobia mundial o, al contrario, de acompañamiento y protección a los derechos de las personas LGBTI?
Espero que el mundo sea consciente de que la convivencia depende de prevenir la guerra, controlar las armas, acoger a los refugiados, construir democracias más sólidas, reducir la desigualdad y respetar las diferencias. Las sociedades que mejor protegen a las personas LGBTI son también las más igualitarias, prósperas y pacíficas.

Un sermón de odio
Después de la masacre ocurrida en un bar gay en Orlando, Florida, en la cual murieron más de 50 personas y 53 quedaron heridas cuando un hombre entró disparando un potente fusil contra la masa de jóvenes que disfrutaban la noche, el hecho que más escandalizó al mundo fue el sermón de odio y homofobia pronunciado por un pastor de origen venezolano en una iglesia desconocida de Sacramento, California. Roger Jiménez no sólo justificó la masacre sino que la celebró y lamentó que no hubieran muerto más “pervertidos”. Su discurso empezó criticando a quienes se habían conmovido con los asesinatos y continuó incentivando acciones criminales contra las comunidades gais. “¿Estás triste porque 50 pedófilos fueron asesinados? Creo que fue genial. Creo que (su desaparición) ayuda a la sociedad. Orlando es más seguro esta noche. La tragedia es que no hubiera habido más muertos y estoy molesto porque (el asesino) no hubiera terminado su tarea pues (los homosexuales) son depredadores”.

Cuando sus palabras se difundieron y se conocieron las reacciones de rechazo en el mundo, el pastor se negó a retractarse y, por el contrario, aseguró: “No me arrepiento de nada”.

Más que lesbianas u homosexuales

Contesta el abogado Albarracín: Cuando se habla de odio contra los gais, se le analiza como si sólo afectara a los homosexuales o las lesbianas, pero hay otras opciones sexuales y por eso la denominación LGTBI. ¿Cuáles son las diferencias entre unas denominaciones y otras? 
Voy a tratar de contestar la pregunta con el riesgo de simplificar un poco: mientras lesbianas y gais sentimos atracción sexual y emocional exclusivamente por alguien de nuestro mismo sexo, el bisexual puede sentirse atraído hacia hombres y también hacia mujeres. Por su parte, las personas transexuales se identifican con un género diferente al sexo (masculino o femenino) que les fue asignado al nacer, con independencia de su atracción sexual. Otro grupo son las personas intersexuales cuyo cuerpo, al nacer, no se adecua a lo que biológicamente asociamos con ser hombre y con ser mujer. Más recientemente, algunas personas han reivindicado lo queer, una categoría que trata de escapar de los binarios (hombre-mujer/masculino-femenino) y de las etiquetas sobre sexualidad. Pero en el fondo lo que todas estas categorías muestran es una gran diversidad de sexualidades que debe ser valorada y protegida ante años de discriminación histórica.

TOMADO DE http://www.elespectador.com/

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